viernes, 17 de mayo de 2013

Sus manos

Sus manos

Sus manos,
se deshacen en la rugosidad de la angustia.
Sus manos,
como la arena de un reloj sin tiempo.
Sus manos,
dibujaron su vida en fuego sobre mí.

Los temblores movieron mis piernas, mi cuerpo, todo lo que veía se tambaleaba en un baile de campanas tenebrosas que parecían llamar a la muerte. Se derrumbaban las casas de papel, los postes de electricidad de cartón, el cielo de papel cebolla y el sol se movía como una lampara dueña del fuerte viento de la costa.

Yo estaba allí cuando ocurrió, en Puerto Príncipe. El suelo primero palpitó y después estalló con furia. El polvo me rodeó y enseguida cayeron piedras y bloques de hormigón que lapidaban azarosos. Caminé sin rumbo, sin lugar donde apoyarme, borracho de movimientos, chocando con personas desorientadas. Oí gritos que no entendía, auxilios y más polvo. Empecé a toser y estornudar, a buscar no sabía qué, algo con lo que pudiera aislarme de la tormenta de ruidos y estruendos. Todo se movía y no encontraba espacios a pesar de estar en la calle, que me dieran un hueco donde respirar oxígeno puro, solo pedía aire. Una piedra cayó sobre mi pierna derecha, no supe ni de donde vino. La partió en dos y apenas noté más que el crujir de los huesos al astillarse y hundirse en los músculos. Caí en el suelo y sentí el temblor, boté en la dura tierra y perdí la consciencia.

No se cuando desperté pero los temblores ya no estaban, tampoco los gritos descontrolados. En su lugar, había aullidos de desolación, sirenas de automóviles, piernas que levantaban el polvo que se mantenía en el aire. Me arrastré para apoyarme sobre los resquicios de un edificio y entonces las vi. En el polvo amarillento vi sus manos que sobresalían de las piedras, sus manos se movían, pidiendo algo más que ayuda, pedían agua, comida, pedían una segunda oportunidad. Las cogí entre las mías, estaban calientes, se movían nerviosas y yo intenté tranquilizarlas con caricias. No veía sus ojos, pero sabía como eran, negros y también su sonrisa, de dientes blancos y desordenados; y su nariz, pequeña y respingona; y su cuerpo, frágil pero con mucha energía. Tampoco oía su voz, pero estoy seguro que era rasgada y alegre; y su pelo reluciente y encrespado. Esperé a su lado, sentado en una piedra reconstruida por la miseria, mi pierna sangraba doblada de una forma antinatural hacia dentro. Había un charco de sangre en la arena, pero seguía mirando a sus manos, nada podía quitarme la atencion que mantenía en ellas.

No sabía nada de ella pero estoy seguro que antes vivía en la pobreza, pero en ella misma encontraba sus sonrisas. Su casa era una de las miles de chozas que se agolpaban unas encima de otras en la ciudad, son terrazas de papel que se tambalean con la brisa húmeda. Podía verla escapar de casa cuando sus tios la advertían que no debía hacerlo sola, la podía ver jugando con sus amigos en el barro de las calles, saltar entre el bullicio de la gente, correr detrás de las camionetas de colores donde se hacinaban sus pasajeros. Su tía la esperaba para comer, se sentaba en la silla y esperaba la cazuela de lo mismo, arroz con plátanos y quizás algo más de fruta. Su tío ganaba un dolar diario vendiendo baratijas de hojalata que hacía él mismo para los turistas. De eso sobrevivirían él y sus hijos, entre ellos Yené. Tenía una pequeña cicatriz debajo del dedo índice producida por el roce de la cuerda atada a un cubo con la que llevaba leche a su casa. Justo después anochecía y las calles eran zona peligrosa, la oscuridad llenaba de transeúntes indeseados la ciudad.  Las uñas de sus manos eran blancas y las líneas de su palma de un color más claro. Yo estaba allí cuando ocurrió.

Pasaban los segundos despacio, me dolía la pierna y yo miraba hipnotizado los pliegues de las almohadillas de sus dedos. Nadie venía a ayudarnos, había más sangre alrededor que la mía, cuerpos sin vida aplastados, pero yo la hablaba en silencio y arropé sus manos en busca de un calor que se desvanecía. En ese momento sentí miedo por la debilidad de lo humano, lo efímero de la vida , la ínfima búsqueda de razones ante algo que no debió ocurrir y la doble miseria de la pobreza. La miré sin verla. Tranquila, la susurré, vendrán a ayudarnos enseguida y volverás a casa con tus tíos, correrás con tus amigos por la calles largas y polvorientas. Las venas se marcaron en su piel, y noté como la sangre volvía a su cuerpo, escapaba, quizás para no volver, para ir a otro lugar. Nunca llegué a ver sus ojos, ni su pelo, ni sus dientes y sus sonrisas pero con el calor de sus manos conocí su vida.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Desahucio de vida

Homeless

La caravana era pequeña, pero si lo pensaba bien, nadie necesitaba más. Eso no quiere decir que no lo deseara. Cualquiera quiere tener una casa donde vivir, con su suelo de parqué, y su cocina con electrodomésticos plateados, y su cama de matrimonio con colchón mullido, y su televisión de plasma de cuarenta pulgadas, y su estantería con muchos libros de escritores rusos, y su parque con flores y árboles altos donde pasear y el bar de Pablo para ver los partidos. Una vez que se tiene, no se piensa en ello. Hasta que te lo quitan.

Salvador sacó todo lo que había dentro. La mesa, la nevera, la ropa, los cacharros, el bidón de agua. Lo colocó fuera de la caravana. Formó un semicírculo de trastos que rodeaba la entrada y lo miró durante unos minutos. Su vida ahora ahora estaba allí, entre utensilios desgastados y sucios. Era eso, una persona inservible, un desecho humano. Cuando vació el interior por completo fue a la gasolinera a por un cubo de agua.

Al volver, observó el somier con asco. La última puta que estuvo en su caravana era vieja y le gustaba besar. Él odiaba besar cuando solo se quiere otra cosa. Me puedo quedar contigo, preguntó ella y Salvador ni contestó. Sintió el mismo asco que hacia sí mismo, que hacia el somier negrusco. Un olor nauseabundo de sudor y cerveza caliente. Se preguntó cómo de sola debía estar una persona para querer quedarse con él, en su caravana sucia y vieja, aparcada en un solar inundado de malas hierbas pegado a una gasolinera.

La ciudad es un nido de soledades separadas por cinco centímetros de pared hueca. Hay muchas personas que viven solas y mueren solas, con la tristeza de encontrar a alguien con quien compartir su vida. Salvador no era de esas personas. Salió mal, eso es todo. Y María no está muerta, pero ojalá lo estuviera. Hace tiempo que Salvador no podía llorar. Nunca tuvieron una casa. Nunca tuvieron el hijo.

martes, 30 de abril de 2013

#Hackmito: contar la cultura libre

#hackmito

En estas dos semanas he estado inmerso en un proyecto un tanto especial: Colaboratorio de relatos. Forma parte de una Iniciativa de Interactivos'13(¿Qué es esto?) en Medialab Prado de Madrid. Consistía en crear relatos, ideas, personajes utilizando los mitos clásicos que nos han acompañado siempre para ilustrar la cultura libre: qué es, en qué se basa y qué lenguaje utiliza. Es algo que parece abstracto y complejo de acotar pero al final conseguimos hacer algo bien hecho, no sé si lo previsto y planteado al inicio, pero sí muy chulo. El formato para expresar estas historias fue el Fanzine. Así, mediante un conjunto de fanzines se construyó una interpretación de la cultura libre.

Todos los documentos son descargables y libres para disfrutarlos como quieras, incluso puedes imprimirlos. El "pack #hackmito" se compone de varios fanzines:
  • Un manual explicativo de qué es.
  • "La vida en código abierto, un decálogo de consejos en la cultura libre. Ver aquí.
  • Viñetas de "7 formas en las que Ego intenta ser más alto que hackerina", entendiendo Ego como esa persona a veces tan insoportable que tenemos todos. Un personaje.
  • "Dress up hackerina". Un vestidor para poner a tu estilo a "hackerina", nuestra protagonista de historias. Descargar aquí.
  • "El juego de colaborabora". Es un juego de la Oca pero convertido totalmente a términos y lenguaje de la cultura libre y con la historia de Hackerina de fondo. Descargar aquí.
  • "El oráculo del gatopan" y sus divinidades. Piensan en una pregunta y te dice en cada momento lo que tienes que hacer. Así de simple. Se trata de un minifanzine y a la vez una página web. Consúltale lo que quieras a Gatopan. Descargar aquí y consultarle aquí.
  • "Ego no entiende a Hackerina". Es un cómic con los encuentros que tiene Ego con Hackerina. Descargar aquí.
  • Un poster-collage de "Hackconservera". Ver aquí.
  • Finalmente una fotillo de todos los que participamos en Interactivo'13. Yo ando por ahí metido.
También podéis echar un vistazo a la web del proyecto donde hay más cosas que "no cabían" en el pack: http://hackmito.wordpress.com/ o pasaros por el propio centro Medialab Prado donde hay una muestra de los trabajos realizados hasta el 30 de Mayo. Ver más info de la muestra aquí.

Hicimos más de 100 paquetitos que repartimos entre todos los participantes de Interactivos'13 porque además del nuestro se estaban fraguando otros proyectos muy interesantes. Podéis echarles un vistazo a los mismos aquí. Especialmente me gusta el de Yes, no?, maybe.

Para terminar, agradezco la compañía y el tiempo compartido con Carla (la megacoordinadora), Laura, Yaiza, Carolina, Patricia, Adela, Vero y Susana. Geniales chicas. Sí, yo era el único chico del grupo, y bien agustito que estuve. Aquí dejo algunas fotos.

#hackmito
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lunes, 22 de abril de 2013

Un fanzine para Mamá

Fanzine Mama

Esta vez mi post es sobre trabajos manuales. Quería compartir esta pequeña idea.

La situación es la siguiente. Llega el día en el que que no sabemos qué regalar a nuestra madre y que sea diferente. Harto de merodear por centros comerciales o tiendas viendo colgantes, aparatos electrónicos, ropa, flores. Muchas son cosas repetidas o cosas que al final no tienen nada de personal y se pierden en el olvido. Debía de haber algo más que un regalo.

Así, pensé que podría hacer una tarjeta, como las que se hacían de pequeño, con macarrones, dibujos, cola blanca, pinturas. Entonces, por un taller al que estoy asistiendo y donde he visto algunos Fanzines, surgió la idea de hacer un minifanzine sobre cómo es mi madre, muy pequeño, dibujado y escrito por mí. Solo se necesita tiempo e imaginación. Puede sonar infantil, pero precisamente por eso es peculiar. Y no sabes la ilusión que le ha hecho, más que cualquier otra cosa. ¡Os invito a ponerlo en práctica!

Aquí dejo una guía de cómo hacerlo con un folio (o medio folio en mi caso) y cuelgo algunas fotos de cómo quedó.

Fanzine Mama 2

miércoles, 17 de abril de 2013

A veces una amapola

amapola 

A veces una amapola crece entre malas hierbas. Mamá no me dijo eso. Trapos de cocina. La inseguridad es permanente con miedo. Mocos, muchos mocos, muchísimos mocos. Promesas en el balcón. Lidia debió comprar azucarillos. La felpa es rugosa e insípida. Auhh, Auhh, Auhh. Supe que se veían a escondidas. Motoristas ejecutivos idiotas. El cristal es más duro a como sale en las películas. Mama no me dijo eso. Parezco feliz con mi gato. El sol no es tan amarillo como lo pintan. Mear por mear, sin ganas de mear. El amor es una moda pasajera. Pero brilla mucho más que el resto. Supe que se veían a escondidas. A veces no queda otra que dejarlo estar. Cauterizar. Coser. Besar. Mamá no me dijo eso. ¡No!, no soy friki. Veintidós años sobrepasa los límites. Lidia debió comprar azucarillos. Los billetes de metro son rosas por el lado de la banda. La inseguridad es permanente. Cállate, perra. En las reglas de tres a veces interviene un cuarto. Ya estoy en casa. Mamá no me dijo eso. Uvedoble, uvedoble, uvedoble. Nunca me marché de casa. El Sol no es tan amarillo como lo pintan. A no ser que seas daltónico.

martes, 9 de abril de 2013

En una noche

sueño

Ocurrió en una única noche, en apenas unas horas que permanecí dormido. Pude haber soñado cualquier otra recreación trivial donde personajes desorientados hablan en una lengua inconclusa, donde todo está fuera de cualquier control racional. Pero no fue así, aquel sueño fue solo suyo, como si se hubiera adueñado de mis pensamientos para jugar con ellos. No hubo comportamientos disparatados, no hubo falta de gravedad, ni una caída lenta desde altura. Fue tan real que hablar de él como si fuera un sueño me parece todavía extraño. Me estrujó el corazón solo con imágenes y después me lo arrancó al abrir los ojos. Eso fue el despertar, un deseo insatisfecho, un amor imposible y un miedo a la pérdida, un terror a no tener lo que nunca existió. Parece que hablo sin sentido, pero no. Las personas tenemos miedo a perder lo que no tenemos, un temor a no poseer lo que deseamos. Lo tocamos un instante y nos paraliza.

Esa noche la amé y desde entonces, me pregunto porqué ella y no otra. La conocí cuando iba a clases de inglés. No sé cuántos años tendríamos, pero éramos jovenes. Apenas hablaba con ella, escasas veces en las que una conversación se cruzaba en el grupo de amigos. Tampoco había un interés mutuo por conocernos. Si no fuera por el sueño, hubiera sido alguien más en el cuarto del olvido. Era guapa, atractiva, con ojos rasgados y finos. Alegre, con sus movimientos rápidos y expresiones ensimismadas. Era la chica que sabía de su belleza pero solo la explotaba en determinadas situaciones que podía controlar. No recuerdo más.

Soñé con ella un día cercano a Navidad, tres años después desde que la viera por última vez en las clases. En el sueño vivíamos en la misma casa. Ella me llevó de la mano hasta la cocina y allí no paró de abrir y cerrar cajones sacando platos, vasos, y cubiertos. Me sonrió. Una sonrisa que no pude dejar de mirar. Yo permanecí de pie, con un vaso de agua vacío en la mano, perplejo, hipnotizado por su tranquilidad. No recuerdo que me dijo pero me reí y miré al suelo avergonzado. Cada vez sentía mayor atracción, el tiempo pasaba lento entre miradas y mis deseos se incrementaron exponencialmente. La amé aún más por cada minuto que pasaba y ella no paró de sacar cosas de los cajones, incansable, entre gestos. Mi interior se llenó de una sustancia etérea que creaba una sed insaciable. Y ni siquiera había dicho una palabra. Quise abrazarla, quise tenerla conmigo, quise prometerle todo. Y siguió aumentando mi pasión por cada pestañeo de sus ojos, por cada movimiento de sus manos que se movían precisas. Entonces, como si saliera de mi cuerpo, fui consciente de mi sueño. Me pregunté, ¿y si no volviera a verla jamás?, ¿y si no fuera más que un sueño? Y desperté.

Quise no haberlo hecho nunca. Aquella chica que paso desapercibida en la realidad se convirtió en un deseo, en una felicidad espontánea y real. No olvidaré la sensación de vacío, la misma que deja la noche al cubrir la luz de un día pletórico. ¿Acaso tiene sentido? No me había enamorado nunca y cuando lo hice fue en un sueño, en una noche. Durante varios días, por la calle me fijé en las caras de desconocidos, en cabellos largos de mujeres, esperando que por una extrema casualidad fuera ella. Y cada noche al dormir volvía ese vacío en mi, el vacío de perderla. Poco a poco fui siendo consciente de que nunca la volvería a ver.

Han pasado casi diez años y sigo recordando ese sueño como si fuera ayer, a pesar de vivir otras muchas experiencias. Me queda la duda de si ese día, ella soñó conmigo también. Tal vez esté muerta. No sé. Al levantarme hoy había platos, vasos y cubiertos fuera de los cajones, amontonados en la mesa de la cocina. Como en mi sueño.

domingo, 31 de marzo de 2013

RAEDOS: Capítulo 6

RAEDOS_CAP6 

Hace tiempo que no escribía un nuevo capítulo del Repertorio Accidental dE vocablos InusitaDOS (¿Qué es esto?), así que dejo una reunión de esas extrañas palabras que me he encontrado recientemente en lecturas. Especialmente me gusta balastoporque siempre quise saber si ese tipo de gravilla de las vías de tren tenía nombre; y contrito porque es de esas palabras que su sonoridad y su significado no llegan a casar del todo, al menos eso me parece a mí.

Contrito: Abatido y triste por haber cometido una falta, aunque no sea pecado. Se usa a veces jocosamente. *Arrepentido.

Resollar: Respirar haciendo ruido, por ejemplo por efecto del cansancio.

Electuario: Preparación farmacéutica de consistencia de miel, hecha básicamente con jarabe, miel o mermelada.

Agostar, agostarse: l. Secarse las plantas por el exceso de calor. *Aborrajarse, ahornagarse, azurronarse, 2. Arar o cavar la tierra en el mes de Agosto para limpiarla de hierbas. 3. Hacer perder lozanía o vigor a una cosa o acabar por extinguirla.

Balasto o balastro: 1. Piedra machacada que se emplea en el pavimento de las carreteras. 2. Lecho de piedra y grava sobre el que se asientan las traviesas del ferrocarril.

Bermellón: Se aplica al color rojo vivo, y a las cosas que lo tienen: ‘Un vestido rojo bermellón’.

Urdimbre: 1. Conjunto de hilos que se colocan en el telar, paralelos unos a otros, para pasar por ellos la trama y formar el tejido. 2. Intriga.

Erial: 1. Se aplica a un terreno sin cultivar e improductivo. *Agreste, alcachofal, arrezafe, baldío, 2. Se aplica a un lugar o una cosa material o espiritual donde no se encuentra nada provechoso o agradable.

 

El capote de Akaki Akakiévitch Copyright 2005-Cuando no tenga nada que decir al mundo