lunes, 21 de abril de 2014

La anciana del pañuelo negro

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La anciana del pañuelo negro en la cabeza podría llevar horas dando vueltas alrededor del carro. En un brazo sostenía una manta sucia y en las manos un par de cucharas. Dos caballos reposaban muertos en el suelo y de sus cuerpos nacía un hilo de sangre que desembocaba en un charco debajo del carro. Hablaba sola y cuando Robert la llamó, ni se dio la vuelta, estaba ausente. Solo buscaba algo, tal vez nada, y en ocasiones se agachaba para mirar o recoger algo entre los restos. Después seguía dando vueltas al carro, una y otra vez, nerviosa, trastornada.

La anciana iba con su familia dirección a la frontera con Francia. Eran refugiados, eran de ninguna parte, dejaron su tierra atrás hace semanas, tal vez meses, y huían, como tantos otros, de la guerra. En los cielos los aviones silbaban y mandaban avisos de terror. Decían que iban detrás de ellos, que no dejaran de andar. Esta vez las bombas cayeron y las ametralladoras barrieron el camino. Ella se escondió detrás del muro bajo que lindaba con las tierras. Los aviones hicieron volar en pedazos carros, personas, animales y todo lo que pillaron a su paso. Llenó de polvo un campo árido y seco. Y después, un silencio sepulcral, el mismo que había antes del bombardeo. No llegaron lamentos, era la única superviviente.

Robert tomó varias fotografías a la anciana, atónito a sus gestos perdidos. Su carro era lo único que le quedaba. Toda razón de su existencia estaba allí y ahora no servía de nada, eran amasijos de madera, hierro y carne muerta. No era capaz de entender qué había pasado, qué eran esos ruidos y por qué se habían llevado a los suyos, ahora. ¿Acaso podía pensar dónde ir?, ¿acaso podía imaginar que había algo más allá de aquel carro que tuviera sentido? La impotencia de Robert subía por su garganta en un estío que no le dejaba pensar, solo tomar fotografías. Veía a aquellas personas, sufriendo en la guerra, ni siquiera la de su país, pero en la que estaba inmerso como si fuera la suya. Pero él apenas podía plasmar en celuloides en blanco y negro la tragedia que presenciaba cada día. Estaba dentro de la vida de aquella gente, estaba fuera de su miseria sin poder cambiar nada.

La guerra es un mal obtuso, borroso, del cual no puedes resarcirte, porque aunque consigas alejarte de ella, está dentro de ti. Eso pudo haber dicho Robert Capa.

Fotos: Guerra civil española, refugiado en Tarragona, 1938, Robert Capa.

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martes, 25 de marzo de 2014

Soy parte de una ciudad enferma

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Soy una persona que se enrolla a las barras del metro como una serpiente en la rama de un árbol. Paso una pierna por delante de la barra, después otra y me aferro a la firmeza como una hiedra en la pared. Está fría, sin vida, pero es real. Observo como la gente me mira extrañada. No sabe lo que hace, está perdido en la locura, está mal, piensan. Pero yo estoy más seguro, la barra es de acero y está clavada al suelo, un suelo real. Ellos se mueven al vaivén del traqueteo de los vagones, pierden la estabilidad en un simple giro, anonadados en sus móviles, frágiles en la calle. No son de nadie, son de la ciudad, su cuerpo no es suyo, el tiempo no es suyo, la vida no es suya. No me gusta pertenecer a nadie, moverme sin que sean mis pies los que lo hacen, es olvidar qué buscas, es mantenerte en continuo cambio, es el simple hecho de dejarse llevar, es desprenderte de ti.

Suelto la barra, oscilo. Una parada y he llegado. Tengo miedo y asco, no de mi, como me susurran sus miradas, sino de lo que me rodea, de las cucarachas en los vagones de metro, de las ratas que se mueven en todoterrenos, de que me roben lo que es mío con promesas incumplidas, con ilusiones baratas y engañosas. El reloj marca mi hora, es tarde. Caminaré hacia un edificio que es de cemento y ventanas de aluminio. Pero siento que no camino, avanzo pero mis pies no se me mueven. Otros me acompañan, me siento integrado, me siento bien y enseguida tengo ganas de vomitar. Me paro y me apoyo en la pared de un muro de ladrillos mohosos. Están fríos y ásperos, pero anclados al suelo, un suelo real. Respiro fuerte. Ahora ellos pasan a mi lado, siguen por su carril y me miran de soslayo, extrañados. Algo le pasa, está mal, piensan. Soy parte de una ciudad enferma. Aunque no quiera andar, ando, aunque no quiera ser, soy. Como uno más de ellos.

domingo, 9 de marzo de 2014

Antes de marchar

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Antes de marchar papá dio un beso a sus hijos. Los atrapó de la cintura cuando estaban corriendo en el tren y dejó un sello en su frente que apenas duró unos segundos. Uno de ellos tenía el pelo rizado y unos ojos grandes como los de su abuela. Era tranquilo y observador. Preguntaba todo lo que se pasara por su cabeza y después se quedaba callado, como reflexionando sobre lo que le acababa de escuchar. El otro era más revoltoso y estaba más delgado. El fideo le llamaba, y a él no le importaba, porque así también llamaban a Di María y jugaba en el Real Madrid. Siempre que tenía delante a su padre hacía como si en sus zapatillas tuvieras una pelota. Regateaba, corría y lanzaba a portería para marcar un golazo.

—¿Te portas bien en clase?
—Sí...
—Te veo fuerte, ¿comes como un campeón?
—Sí, papa
—¿Y ya te has echado novia?
—No me interesan la chicas, papa.

Su padre sonrió. El chico del pelo rizado se acercó y se sentó en su rodilla.

—¿Por qué no vienes a casa? Mamá ha hecho galletas de dibujos.
—Eso, papa, ven a casa.

Levantó la vista a lo largo del vagón. Una madre lloraba dos asientos más allá con un pañuelo en sus manos. Miraba al frente, evitando encontrarse con él.

—Otro día, chavito, otro día. Ahora ve para allá, me bajo en la siguiente.

Y su padre les marcó otro sello en la frente.

domingo, 2 de marzo de 2014

Recordatorio: el libro Tus ojos en mi cogote en descarga libre o papel

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Esto es un recordatorio de que ya te puedes descargar el libro de relatos de creación colectiva que escribí junto a Petra Acero. Un proyecto que empezamos hace mucho y que tiene ahora su producto final. Si quieres saber más de cómo se creó el libro puedes leer esta entrada.

Para conseguir el libro de relatos, puedes descargártelo en PDF, en Ebook o pedirlo en papel por Bubok (o si eres de Madrid, te lo damos en mano en papel) en la web tusojosenmicogote.com.

También quería mandar agradecimientos a las más de 150 personas que ya se han descargado el libro en la web o lo han adquirido en papel.

domingo, 16 de febrero de 2014

Another year

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Pocas veces escribo una entrada para una película. Solo cuando de alguna forma me sorprende, me hacen pensar o sus personajes me trasmiten mucho. Another Year de Mike Leigh es una de ellas. Contaré lo que me gusta de ella.

Es una película intensa y, para mí, triste. Muestra cómo transcurre un año en diferentes vidas cuando alcanzan una edad adulta avanzada, sin llegar a ser ancianos. El argumento se centra en una pareja normal que disfruta de felicidad y satisfacción con su vida. Pero como siempre pasa, hay otros muchas vidas que giran a su alrededor que se mueven en el fracaso, la soledad, la decepción, la debilidad, la insatisfacción o el alcohol como vía de escape.

En estos personajes está lo que más me inquieta de la película, algunos se muestran hablando, otros callando, pero todos tienen una personalidad. Su vida es tan creíble que no hace falta más para empatizar con ellos. Son personas que alguna vez hemos conocido, han pasado fugazmente por nuestras vidas, o simplemente nos identificamos con ellos. Son personas que la mala suerte o sus errores han marcado su camino para siempre y están en un punto de incapacidad para encauzar sus vidas, de resignación ante una existencia indeseada y sin sentido. Concretamente el personaje de Mary es angustioso, su apoyo en una amistad ante la necesidad de tener a alguien. Refleja nuestras debilidades y miedos. Y el inevitable paso del tiempo que hace que cada vez sea todo más difícil cuando no tienes lo que esperabas.

En Another year no pasa nada y pasa todo. Es la vida cotidiana de un grupo de personas en un año, envuelto de muchos temas cotidianos como la soledad y el amor, la ilusión transitoria, la desesperación, el resentimiento. La interpretación de los actores es tremenda. El último plano de la película es genial.

Altamente recomendable. Nota: 8.5/10

domingo, 9 de febrero de 2014

Ya podéis leer el libro "Tus ojos en mi cogote"

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El libro de "Tus ojos en mi cogote" es la culminación y el premio a una idea que empezó como algo sencillo y por puro deleite para acabar convirtiéndose en un proyecto muy especial.

Todo empezó hace dos años cuando Petra y yo pensamos en escribir juntos y de una forma diferente:  uno de los dos empezaba un relato y el otro lo terminaba. Así, abrimos el blog "A doble o nada" e hicimos público este "experimento". Salieron relatos curiosos, historias con finales que nunca imaginábamos y seguidores perspicaces.

Rápidamente nos dimos cuenta de que los relatos podrían enriquecerse si participaba más gente. Entonces, cerramos el blog con la idea de empezar un proyecto nuevo en el que además de comenzar y terminar nosotros el relato, otros escritores pudieran añadir continuaciones que llevaran la historia a lugares inesperados. A este nuevo blog le dimos el nombre de "Tus ojos en mi cogote". El proceso de creación fue genial y los resultados mejores.

De todos los relatos que se escribieron, Petra y yo hicimos una selección de los mejores y más representativos. Nos quedamos con trece para formar el contenido de este libro. Con él cumplimos la promesa a los participantes y lectores de editarlo y maquetarlo como si fuera un libro auténtico.

Podéis descargaros el libro gratis en distintos formatos digitales (PDF, ePUB y Amazonkindle) o si os gusta más el papel, comprarlo en BUBOK con solo los costes de impresión y envío. Para los que vivís en Madrid puedo dároslo en mano, os ahorráis los costes de envío, y así les añado una dedicatoria, por supuesto. Toda la información sobre esto la tenéis en el blog TUS OJOS EN MI COGOTE.

Petra y yo iniciamos este proyecto con mucha ilusión y de igual forma lo terminamos, con un libro que esperamos que lean muchas personas. Dejo aquí de nuevo el video promocional del libro.


 

El capote de Akaki Akakiévitch Copyright 2005-Cuando no tenga nada que decir al mundo