El día sin noche(I)



El vaso se deslizó de sus dedos y cayó al suelo. Se deshizo en mil pedazos igual que su estómago. Con la otra mano soltó el teléfono de casa que quedó colgando del cable. Corrió al pasillo porque ahora tenía prisa, le habían dado la peor noticia de su vida y no era consciente de lo que estaba ocurriendo, necesitaba verlo con sus ojos, que se lo dijeran otra vez. No podría ocurrir, no sabe por qué pero no podía ocurrir, a ellos no. Era algo tan habitual pero a la vez tan distante. La verdad es que ocurrió y nunca imaginó que estaba tan cerca hasta que lo sufrió en sus carnes. Una noche tranquila se había convertido en una pesadilla.

Desgarró el abrigo y salió al pasillo. Las escaleras estaban en la penumbra aún y sin dar la luz bajó las escaleras saltando los escalones de dos en dos. Sudor frío, eso era lo que caía de su frente. Un sudor que helaba su cara.

Nada más entrar en el hospital de urgencias fue al puesto de información y preguntó por su marido. La voz le temblaba. Le indicó hacia el pasillo de la derecha, hacia la última puerta donde se encontraba el quirófano. Corrió a la puerta y antes de abrirla salió un médico del interior. Fueron segundos de incertidumbre, la inseguridad del médico en su mirada estaba latente. Era una expresión pobre de sentimientos, llena de ocultación.

- Siéntese, por favor, ¿es su mujer?

- Sí, ¿qué ha pasado?, ¿dónde está?, no quiero sentarme, ¡dígame! –gritó.

- Tranquilícese por favor.

- ¡Háblame ya!

- Su marido ha tenido un grave accidente de coche, había perdido mucha sangre. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos. Su marido ha muerto.

Entonces fue en ese mismo momento cuando el cielo se nubló y tapó la luz, el aire se quedó suspendido, los impulsos nerviosos empezaban a contraerse y el tiempo se paró con los sentidos. El miedo se apoderó de su cuerpo como la niebla gris encierra un pueblo entre valles y el lodo oscuro la atrapó en sus arenas movedizas. Se le presentó sin previo aviso en su casa y la succionaba hacia un mundo que no quería. Y era tarde, no podía elegir y sus gritos no servían de nada porque no se puede cambiar lo ocurrido.

Ella se apoyó en la pared y se dejó caer. Fue agachándose hasta quedarse en el suelo como un ovillo. Un ovillo del que sangraban lágrimas. A partir de ese día su vida cambió por completo y esa noche la recuerda, no como la peor de su vida sino como el día en que visitó los infiernos, el día sin sueño, el día sin noche.

6 comentarios

AFRODITA dijo...

¡Bravo Akaki! Impresionante, de verdad. Sigue adelante, no te rindas. Hasta pronto.

Galilea dijo...

Precioso, bonito mini-relato, aunque triste, muy triste, pero en este caso triste y bonito, y también muy real.
No sabía que a parte de saber montar a caballo,vaquero, tambíen escribías así de bien.
¿Quién crees que se sintió peor, el marido que sabía que iba a morir o la esposa que perdió a su marido esa noche y nunca le volverá a ver?

akaki dijo...

No se quién se sintió peor, supongo que los dos, aunque eso quizás lo leais pronto...

Galilea dijo...

Estoy preguntona: ¿ Qué echará más de menos el marido? ¿ Echará de menos las pequeñas cosas de todos los días, la rutina, ver a su mujer, oler su perfume, acariciar su pelo, besarla?
¿Y la mujer que echará de menos cuando llegue a casa y no esté su marido esperándola?¿ su voz, sus regañinas, sus peleas por el mando, sus caricias, sus masajes?
¿¿Y tú que echarías de menos vaquero??
Besos

akaki dijo...

Umm, esta galilea quien será?jaja,dentro de poco pongo la continuación asiq eu no te impacientes. Pues yo me sentiría muy triste y echaría de menos muchas cosas, pero mejor eso ya te lo cuento en privado si me dejas...
hasta pronto!

akaki dijo...

pues ahora que lo pienso tu me podrías ayudar escribiendo algo de como se sentiría alguno, por ejemplo, y yo lo cuelgo después en una entrada. ¿Que te parece? O no te atreves porque capaz si que eres....jaja.

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