Urgencia(III)



Cuando el médico entró en el hospital, todo parecía en orden. Vió a su compañero de trabajo y se dirigió a él. Le tocaba el turno de noche.

- Hola Jose, ¿qué tal la noche?

- Bien. De momento no hemos tenido ningún problema grave, gracias a Dios, aunque ya ves que esto está lleno como siempre.

- ¿La chica de ayer se recuperó, verdad?

- Sí, ya está en el hospital, y se encuentra bien, en una semana volverá a casa.

- Menos mal. –dijo pensativo.

- Bueno pues que se te de bien, nos vemos el sábado.

- Hasta luego.

El médico se despidió y se puso la bata blanca. Caminó por el pasillo y saludó a los enfermeros, muchos de ellos eran muy jóvenes. Su cara no tenía expresión, la había perdido algo hace tiempo. Había visto demasiadas cosas y caminaba entre los pasillos sin ganas de continuar, pero debía hacerlo. Giró la cabeza hacia pasillo.

Un equipo de ambulancia entró por la puerta de emergencia con un herido en la camilla. El médico corrió hacia la camilla. El herido tenía mucha sangre en el pecho.

- ¿Cómo está?

- Pierde mucha sangre y tiene varias heridas profundas en el costado. Puede tener perforados los pulmones, le cuesta respirar. Un accidente de coche.

Cuando escuchó las últimas palabras se le quebró el corazón. El hospital se oscureció. Miró al herido y éste le habló.

- Por favor, díganle a mi mujer…

- Se va a recuperar, volverá a ver a su mujer, la volverá a ver…

El médico se giró a su compañero y movió la camilla con los enfermeros hacia una puerta.

- Al quirófano, corred.

Movieron la camilla hasta una sala al otro lado del pasillo y empezó a hacer su trabajo que tenía memorizado con sus años de experiencia. Entonces fue cuando un aparato empezó a pitar. Odiaba ese sonido, porque pocas veces podían pararlo. No pudo hacer nada.

El médico se alejó del paciente y apoyó los brazos en la mesa. Respiró y cerró los ojos. Otra vez más no. Se le destrozaba la mente cada vez que ocurría aquello. Veía a su mujer, sus ojos. Y también veía su último gesto, sus manos sujetando el cuerpo vacío. No hubo más intentos, ni más sufrimientos, sólo una llamada.

2 comentarios

Nerea dijo...

Bueno, bueno...que decir de este pequeño relato...jeje.
La verdad que me ha gustado leerlo, tener en cuenta la visión de tres personas que están unidas o se unen ante un suceso como este, da cuenta de que no sólo podemos valorar nuestro comportamiento y actitudes(tema 7 de psicologia social;)...)sino que tenemos que tener en cuenta los distintos contextos y actuaciones de las personas en cada situación.
Por otro lado no creo que se puedan equiparar los sentimientos de cada uno, estas personas saben que están perdiendo parte de su vida, la muerte les está robando una parte de ellos...
La verdad que entristece..esto pasa todos los días...pero como en todo,hasta que no lo sientes en tu propias carnes..parece que es una realidad lejana...
Reitero el gusto al leer la historia!gracias por hacernos llevar la mente hacia otro lado, sobre todo en esta época!

Un besazooo y suerte!

Galilea dijo...

Precioso vaquero!! Hay que ver que bien escribes, ¿haces algo mal? Ya me contarás.

Saludos

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