Los comienzos de un superhéroe (II)

Recogí información y me puse manos a la obra. De los carros entendí que casi todos tienen un auxiliar de ametralladora. Sus ruedas han aumentado de tamaño en los últimos años y algunos tienen agregado a su manillar un paraguas antibombas aéreas. También investigué una guerra que hubo hace años, una batalla provocada por la disputa del parque infantil y la venta de pañales en el gran centro comercial. La presión de los niños obligaron a los padres a poner el asunto en su sitio, y así ocurrió. Los niños se disponían a lanzar proyectiles, las madres o padres con su carrito llevaban la cara pintada de camuflaje urbano, algunos adquirieron tecnología punta en visión nocturna, y otros llevaban dos, o incluso, tres auxiliares de ametralladora, los cuales estaban preparados con la camiseta de Superman, las pistolas de Lucky Lucke o los lanzatelarañas de Spiderman. Otros niños más mayores estaban apostados en las terrazas en caza de alguna víctima despistada. El encontronazo fue duro, se oyeron los primeros gritos, llorones y riñas. Dicen que al principio en la calle había un olor muy fuerte a Nenuco, pero que después nadie podía andar por allí. Fue una masacre de pequeños cardenales, culos colorados, ojos sonrojados y voces tomadas que nunca se olvidará.

Y poco a poco me empecé a introducir en el mundo de los carritos con documentos o información de primera mano y descubrí que no es tan sencillo como parecía. Lo verdaderamente importante no residía en los carritos en sí, sino en todo lo que les rodeaba y se ocultaba tras ellos. Existía una mafia que se dedicaba a traficar productos, un mercado negro que fluía por debajo de todos nosotros que pocos conocen pero que existe, una estructura de intercambio que produce unas consecuencias y que iba más allá de los carritos, era algo más global. Y todo era dirigida por esa malvada, a la que llamaban doctora Consumita Capitalia. Este villano se enriqueció mediante la mentira del dinero de todas las familias y sociedades provocando disputas a su vez entre ellos. Su última fechoría fue la que me llevó a poner orden en el asunto. Apoyándose en su compinche Carritus magicus consiguió vender miles de carritos que incorporaban nueva tecnología. La publicidad, la televisión, los anuncios, todo hizo que se vendieran como rosquillas. El problema que conllevaba era que cada vez las madres y los padres tenían menor control de ellos, todo se había automatizado hasta la absurdez y controlado por grandes estructuras externas a la familia. Y Consumita lo aprovechó para utilizarlo no contra, sino con la sociedad y aprovecharse de ella. Tuve que convencer y luchar para que familias no fueran absorbidas por su maldad pero era un rival muy fuerte.

En nuestro último encontronazo, Consumita me encerró en una habitación en una de sus guaridas, el grandísimo centro comercial del Norte, vigilado por dos grandes carros de combate y custodiado por la justicia. Uno de ellos armado con un artillero capaz de hacer moratones de seis centímetros y otro montado en una sillita motocicleta. Pero ellos no contaron con mi gran habilidad. De un salto me acerqué a las ruedas de ambos carritos y con un giro de llave inglesa conseguí desatornillar las ruedas. Me alcanzaron varios proyectiles lanzados por el auxiliar pero conseguí reponerme saliendo de las cajas llenas de acolchamiento para frigoríficos en las que había caído. Los carritos estaban inmovilizados y sin perder tiempo salí del edificio para buscar a Consumita por la ciudad. Estaba, como presumía, en la presentación del nuevo teléfono móvil con microondas incorporado. La plaza estaba repleta de personas y ella estaba en el escenario poniendo en práctica su malicioso plan: dominar todos los carros nuevos comercializados y que llevaban incorporada la nueva tecnología Bluetooth y así tener un control absoluto sobre la libertad de las personas. Cuando me vio se sorprendió por mi presencia y huyó a la parte posterior del escenario. Corrí y la encontré sola, levantando un aparato con un enorme botón rojo en el centro y mirándome. Estaba en un apuro, si lo apretaba podrán ocurrir cosas muy malas. Entonces una chica apareció a las espaldas de Consumita, le quitó de sus manos el botón que podría destruir todos los carritos con niños incluidos y me lo lanzó. El villano tiró al suelo una pelota que explotó y un humo no me dejó ver nada. Consumita escapó y la chica se introdujo en la multitud y no volví a verla. Seguramente era de esos pocos niños que no habían sido absorbidos por los pokemon, ni hipnotizados a coleccionar las pegatinas de los bollos. Espero que algún día vuelva a verla y agradecerle la ayuda.

Aquí terminan mis primeras experiencias como superhéroe, pero no han acabado. Ese fue el último ataque de Consumita, pero volverá a buscar nuevos huecos de donde sacar beneficio y por ello con esta última acción no acaban los problemas. Nos esperan peores tiempos, no vendrán respiros, ni tampoco treguas. Pero no hay que asustarse porque para eso cada uno de nosotros nos convertiremos en superhéroes. No os creeréis nada de lo que os he contado, y lo entiendo porque nadie sabe nada. Todo está tapado para que no se sepa nada o, más bien, todo está entrelazado entre nuestras relaciones sociales de tal forma que es muy difícil dirigirse a algo concreto, pero ver lo vemos, con muchas pequeñas cosas y detalles en nuestra vida normal.

Yo cuido del mundo de los carritos pero igual que yo hay otros, la mayoría desconocidos, como la protectora del aire, el ayudante del peatón, el buscador del ahorro o el anti-canon de la cultura, que intentan luchar como yo contra el gran monstruo que tenemos dentro de nuestra sociedad. Somos pequeños superhéroes en la sociedad y, creedme, todo ocurrió y está ocurriendo, yo existo, ellos existen y seguiré combatiendo. Tú también puedes ser un superhéroe como yo, sólo hace falta encontrar tu sitio.

2 comentarios

Galilea dijo...

Menuda historia, menos mal que sólo se trataba de un carrito de bebé y no de que le atropellara un camión o un tren sino la historia parecería el argumento de la tercera guerra mundial...
Besos

akaki dijo...

Ay Galilea Galilea, no te imaginas como fueron esos momentos!Alguna vez te pasará algo parecido, y quizás te conviertas en la superheronía de la mariposas o la protectora de los perros raros, aquién sabe...
besos

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