Mi viaje a Praga


Bueno, llegué aquí el sábado pasado de Praga y he estado escribiendo esta entrada desde entonces. Y empiezo a contar la experiencia. El día del vuelo estaba nervioso, aunque ya había visitado muchos aeropuertos. Pero no era por eso si no por lo que me esperaba allí. En mi llegada al aeropuerto praguense ya tuve un punto gracioso. Reserve por internet un taxi, así que me recibió un hombre con un cartel con mi nombre en el aeropuerto( el de la foto). Aún tiene pinta de ser majo en el trayecto casi sufro un infarto porque conducía un poco rápido, y montando en más autobuses y coches todos empezamos a considerar que conducen de forma temeraria. También en los pasos de cebra tienes que correr si quieres llegar a la otra acera sin ser atropellado. Así llegué por la noche al hotel, donde me esperaba mi queridísima Galilea y Dei y Rak. Estaban cansados de todo el día y el día siguiente sería largo así que fuimos a la cama pronto y yo estaba muy contento solo con ver dormir a Galilea.


Nuestra primera visita fue la Praga histórica, donde Denis “tres pelos” como le bautizo Rak nos guiaba por las calles estrechas de Praga, la iglesia del niño Jesús donde daban misa en español los sábados, el convento Klementinum, el puente de Carlos y sus múltiples estatuas, el barrio judío y las sinagogas brillantes, una casa de Kafka y la plaza y la iglesia del reloj astronómico donde la muerte y la vanidad se reían de nosotros. Todo mientras tomábamos fotos como locos menos la vaga de Galilea. Jeje. En el puente de Carlos había un pequeño grupo de música que daba un ambiente bastante agradable mientras se disfrutaba de la vista más bonita de Praga y donde había más afluencia de gente.

En el hotel, algunas veces nos dedicábamos a llamarnos a la puerta de la habitación y salir corriendo, ver como se pegaban dos adolescentes italianas en el pasillo, intentar entender el checo en la tele, otras a tomar unos chupitos de absenta(70 grados) y jugar a un chúpate dos(Le recuerdo a Galilea sus treinta cartas y Rak también dijo una frase que también queda censurada), a esparcir migas por la habitación y dejar la mierda acumulada lo más próximo a la cama de Dei para que le picara el cuerpo por la noche.

El tercer día hicimos el viaje a Karlovy Vary, la ciudad en un valle conocida porque es un paraíso termal y su licor “Becherovska”. Dimos un paseo por la ciudad, con edificios de todos los colores y estilo barroco y bebimos agua termal de las fuentes, exactamente la de 30 grados porque también había de 50 y 72. Visitamos otras fuentes naturales, grandes edificios y la iglesia ortodoxa que tenía cúpulas azules muy parecidas a las iglesias rusas. Allí también comimos un plato típico checo. Allí la comida tradicional son sopas con verduras y distintos tipos de carne cocina en salsa, también con verduras. Todo muy rico y barato, sobre todo la cerveza, más barata que el agua(medio euro la pinta de cerveza).

El cuarto día nos levanto la querida llamada de Dei a nuestra habitación, “servicio de habitaciones” y yo le respondí entre sueños(capullo). Ese día visitamos el complejo del castillo de Praga, donde estaba la catedral de San Vito, unas basílicas de cuyo nombre no me acuerdo, la casa donde vivió sus dos últimos años Kafka y los edificios gubernamentales. Allí se tenía una gran vista de la ciudad también porque estaba en un alto. También visitamos lo que llaman la pared de Lenon, que está repleta de pintadas y que es famosa porque fue uno de los pocos manifiestos hippies que hubo en Praga. Intentamos buscar desesperados el dibujo de la cara de Lenon que salía en la guía pero como descubrió Dei solo quedaba de él la coronilla, el resto se había vuelto a pintar. Por la tarde un paseo en barco por la noche praguense, con un hombre tocando un acordeón y tomando un chupito de Becherovka. Se tenían una vistas bastante bonitas del puente y la ciudad desde el río y Galilea y yo nos hicimos unas cuantas fotos al estilo Titanic. Por la noche acordamos con Denis hacer una visita a la obra de teatro negro de Fausto de Goethe, que por cierto visitaba a menudo Karlovy Vary. El teatro negro se caracteriza principalmente por sorprender al público con efectos visuales en la oscuridad y con luces. Y cuando parecía que un hombre se salía del escenario Rak gritaba desposeída y Galilea se agarraba a mi brazo con bastante fuerza. Creo que hasta tengo cicatrices, jeje.

Coincidimos en nuestra estancia en el hotel con un instituto de italianos despotricados y rebeldes. No paraban de dar vueltas por el hotel, gritar por los pasillos, aplastarte en el ascensor y dar todos los botones. Era como un plato de espaguetis, tallarines o buglitione. Que si por allí unos, luego por otro lado otros. En una ocasión les dio por llamar a nuestra puerta y nosotros les respondimos con los mismo. Podías ver a Rak y Galilea preparadas para una carrera, ir hacia una puerta dar unos golpecitos y volver corriendo como si su vida estuviera en ello. Mientras Dei y yo nos escondíamos dentro de la nevera porque no queríamos saber nada de los trapicheos que se llevaban las mujeres. También había españoles pero la mayoría eran cuarentones, y algunos eran bastante majos como los que hicimos la visita en Karlovy Vary.

A partir del quinto día era libre para nosotros, pero eso no quiere decir que no estuviera ocupado. Todo lo contrario. Visitamos la ciudad más tranquilamente por nuestras cuenta, metiéndonos por callejuelas y de vez en cuando mirando regalos. También vimos la parte de la ciudad que llaman ciudad nueva y Novo Mesto, donde está la plaza de Wenceslao y volvimos a recorrer la calle de Franchescha, digo de Pariscka, que me confundo. Fue un día de descanso después de los anteriores días madrugadores. Por la noche nos esperaría una primera cata de chupitos en el hotel. Jugamos a las cartas y nos reímos bastante con los jijis y la acumulación de cartas de Galilea y después de eso ya todo se convirtió en un descontrol de frases desordenadas.

Los desayunos de buffet en el hotel eran, por decirlo de alguna forma, raros. Había pocas cosas y algunas eran un poco extrañas. Había mortadela, queso, unos bollos que algunos estaban buenos y otros parecían que comías alfalfa, crispis, algunas salsas desconocidas, etc. El zumo de manzana era una porción de zumo puro por veinte de agua. Aún así para nosotros era suficiente con un tazón de leche y pan con mantequilla. Dedicábamos la mitad del tiempo a desayunar y la otra mitad a hacer bocadillos para el día, que casi siempre eran del mortadela y queso que era lo que había. Ah, también había una vez pepinillos y guindillas. Me pregunté quién coño comería guindillas por las mañanas y justo en ese momento se acercó un chino o japonés al plato y se echó dos guindillas. Estos chinos… También esperábamos ansiosamente que llegara el fin de semana porque había salchichas. Llegó un día que no dejaron entrar a los italianos en la sala, se dieron cuenta que eran como una plaga que acababa con todo.

El sexto día visitamos la pequeña fortaleza y guetto(en la conquista nazi) en el pequeño pueblo de Terezín. Comprando los tickets de autobús para ir a la ciudad os podemos aconsejar que tengáis cuidado con las personas que están detrás del mostrador. Son totalmente rancias y antipáticas y te responderán lo que le apetezca a tus preguntas. En el viaje nos dormimos todos menos Dei(en el tranvía se durmió, en el tranvía se durmió!) y Galilea se apoyó sobre mi hombro una vez más. Terezín es un pequeño pueblo convertido entero en fortaleza y bastante interesante de visitar, sobre todo la pequeña fortaleza, convertida en prisión de tránsito en los desplazamientos a los campos de concentración en la segunda guerra mundial. Es una visita que impresiona al ver con tus ojos las celdas y habitaciones utilizadas en el exterminio judío. Pero el día no se acababa sin antes comer allí y sin sufrir nuestra primera decepción. Pedimos la bebida en un restaurante y nos pusieron agua con gas en vez de sin gas como habíamos pedido. Como las botellas estaban abiertas(por ellos) no nos las quisieron cambiar. Tras una lucha encarnizada sin entendernos nada, ellos en checo y nosotros en español o inglés, al final desistimos en dejar el agua sin gas ahí, en la mesa, sin tocarlo. La comida estaba buena aunque a Galilea se le cayó sin querer un espagueti a la mesa y a Rak le dio un ataque por desenvolver el plástico de los palillos. Rak y Dei querían montar un boicot arrojándoles la comida pero Galilea y yo no les dejamos(jeje, es broma). Nos cagamos en sus muertos y seguimos viendo el pueblo.

El mismo día por la noche decidimos salir de marcha. Bebimos en algunos pubs bastantes chulos, donde había billares y más que jugar hicimos el tonto porque no teníamos ni idea(aunque qué se puede hacer cuando en la tercera ronda Galilea mete la bola negra?jeje). Habían muchísimos pubs y bares con música en vivo, generalmente jazz, lo que daba un ambiente bastante "bluesero" a la ciudad y divertido. Entre ellos visitamos un pub que se llamaba el Bar coyote, y era igual que la película que tiene su nombre y era bastante curioso porque también hacían los mismos espectáculos. Nos bebimos un Russian black, Caipirovka y otra cosa extraña que se pidió Rak que se llamaba Zombie. La situación se tornaba divertida cuando un italiano, como no, empezaba a hacer bailes estrambóticos mientras Rak le miraba emitiendo sus “jiji” nocturnos y Dei que se enamoró del DJ cantando el Gimme more. Lo siguiente ya es secreto.

El séptimo día dormimos bien después de la fiesta de anoche y visitamos la colina de Pretrín, que subimos por funicular, donde Dei miraba a todos los lados como un pajarillo indefenso y Rak mordía los asientos asustados por el vértigo. Al final subimos a la colina y una vez allí dije que la primera cosa a ver era la colina Petrín. Tras reírse de mí las malvadas Rak y Galilea dimos una vuelta por la colina que tenía unas vistas bastante bonitas de toda la ciudad, y luego la bajamos andando porque temíamos que Dei se tirara por la ventana cantando Gimme more con el funicular en marcha. Volvimos al hotel y decidimos hacer otra visita al bar Coyote por la noche que fue más tranquila aunque acabó también siendo agotadora.

Para movernos por al ciudad usábamos el tranvía y el metro que tenía muy buena comunicaciones. Aconsejamos que en el metro cojan las escaleras automáticas con precaución porque van a toda ostia, jeje. El tiempo fue bueno. Según las noticias nos esperaban temperaturas de entre -3 y 10 grados y así fue los dos primeros días, pero después se convirtieron en días más cálidos. Aún así, a mi parecer no hacía frío. En Inglaterra yo he pasado mucho más frío y como he dicho alguna vez yo creo que es porque este es un frío húmedo peor que el seco que había en Praga o hay en Madrid aunque haya menos grados. Así, Dei dijo que los últimas días tenía que hacer bueno y así fue.

Al final no hubo bomba explosiva aunque sí que hubo momentos explosivos, entre ellos hay que destacar el “jiji, pero si yo no me muevo” de Anastasia Gonzalov, la princesa perdida de Praga(Rak), el “a mi los pájaros me entienden” y canciones pegadizas de Dei(apodo Bond), la frase de la mañana “Estoy de mala ostia así que” de Galilea (y otra delicada frase hacia la camarera del restaurante en Terezín que de momento queda censurada) y por supuesto mi frase mágica “pero ¿a dónde vamos?” o “creo que por aquí no es”. Una de las cosas que más me gustaba y recuerdo de Praga fue que cuando acaba el día y empezaba otro a mi lado siempre estaba Galilea.

Así que así fue nuestra espléndida visita a Praga, llena de fotos, risas, canciones y podría contar muchas cosas más y otras que se me escapan pero en esas espero que me ayuden los praguenses a completarlo. Espero volver a hacer otro viaje como este pronto, aunque no sé si el big father me mataría. Hasta pronto!

1 comentario

david dijo...

Muy bonito tu recorrido por praga, no me enamore del dj,jaja. el se enamoro de mi,jajaja.
Y si me dormi en el tranvia, bueno daba muxas cabezadas, porque lo q es dormir

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