Quizás Dios haya creado el desierto para que el hombre pueda sonreír viendo palmeras


Un niño puede enseñar tres cosas a un adulto: a alegrarse sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.
La vida ya existía antes de que naciéramos, y continuará existiendo después de que dejemos este mundo.
La búsqueda de la alegría es más importante que la necesidad del dolor.
Los valientes siempre son obstinados.
Un guerrero sabe que es libre para elegir; toma sus decisiones con coraje, desprendimiento y, a veces, con una cierta dosis de locura.
Sucede con todo el mundo, todos los días: vemos siempre al mejor camino que seguir, pero sólo andamos por el camino al que estamos acostumbrados.
Quizás Dios haya creado el desierto para que el hombre pueda sonreír viendo palmeras.

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