"El río se abre un cauce y luego el cauce esclaviza al río"


Preparados, listos ¡ya!: El  sistema mundial económico y social está avocado a la autodestrucción y el caos social, cultural, político y, por supuesto, económico. Toma ya, una que suena profética y también muy exagerada. Pero aunque no llega a eso, si hay cosas que han cambiado, y no creo que sea a mejor. Y el problema es que somos muchos y todos quieren ganar, tener más que otros. Los que están mantenerse donde están y los que no subir donde están los otros. Escribo este post con motivo de estos primeros indicios que presenta un pequeño derrumbe de la economía capitalista y globalizada. Qué equitativa, multicultural y hermosa sonaba en el libro de texto de la ESO de hace unos años la palabra globalización. 
Y es que lo que pasa ahora estaba por venir, así como la gota que ves llenar en la boca del grifo, engordando en cada segundo y que sabes que al final caerá. El funcionamiento de este mundo tiene razones lógicas dentro de la lógica racional, pero la situación no era lógica en lo razonable, es decir, teniendo en cuenta los derechos y valores humanos esenciales. No se puede aumentar y aumentar ganancias sin parar y callar al mundo. No es razonable que las especulación haga más ricos a los ricos y por otro lado los pobres más pobres. Tampoco es razonable la privatización de todo nuestro entorno ni tampoco el dominio de nuestras vidas por la institución o sistema. No es razonable que en un lado del planeta la gente se muera de hambre y en otro se aburran del dinero. Y es que ahí estamos metidos todos, pero solo unos cuantos manejan el cotarro: esos agentes, élites, o nodos como llaman algunos.


En este caso, los bancos caen en banca rota y como siempre injustamente pagan el pato los que andamos por calle. Como en muchísimas cosas, se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas. Así es, porque mientras muchos bancos(o grandes constructoras o aseguradoras, da igual) se han estado enriqueciendo de nosotros mismos durante mucho tiempo con la especulación, ahora también nosotros mismos debemos pagar su recuperación. ¡Claro!, porque la recuperación es de todos y hay que subastar los fondos. Mientras lo que ganaban se lo metían en el bolsillo ahora no lo quitan para quedarse donde están ¿Y por qué hay que ayudarles? Porque no queda más remedio si queremos mantenernos donde estamos, pero mientras tanto algunos construyen sus casas en la costa (también destruida como si nada); o suben sus sueldos de los políticos, menos mal que dijeron que los congelarían. Pero eso, sí, algo debe cambiar y no deberían seguir las cosas igual después de esto, si no, volvemos a lo mismo ¡Quién se cargo a la razón hace tiempo! La ambición y al codicia quizás. Donde están aquellos que se han llevado el dinero, esas elites dominantes dichas anteriormente. Pues así estamos encadenados a nuestro propio sistema enorme con el fantástico capitalismo y la preciosa globalización. 


Y dentro del embrollo, ¡cómo no!, siempre hay empresas o instituciones que aprovechan para quitar trapos sucios o sacar beneficio. Empresas y más empresas utilizan la palabra crisis para la regulación del empleo, es decir, mandar a la gente al paro, claramente, porque ese mundo también parece estar lleno de eufemismos(que incursión o intervención militar ni leches, se llama guerra; qué daños colaterales, sino víctimas; qué coño de piratas por copias ilegales, que yo sepa los piratas sanguinarios que saqueaban los barcos, torturaban y mataban a toda la tripulación ya no existen, o ¿sí?). La gente que jugaba con sumarse a la fiesta enriqueciéndose no quiere bajar los precios de la vivienda, igual que otros tampoco bajan la gasolina(es decir, para subir el precio ni Dios se queda el último pero para bajarlo hay que pisar huevos). 
Y otros, como el pocero de Fuenlabrada, promete pisos a precios mínimos y dice que aún así “se gana dinero”. Sólo con eso se podría imaginar hasta qué punto se han aprovechado de la gente. Hay que sacarles del agujero, pero cuando salgan de él se van a vivir a su mansión y ni te conocieron. Y si es así en un país como España, Europa, no hace falta imaginar cómo es en otros países pobres y oprimidos.  Los medios de comunicación, los nacionalismos, la educación y la privatización de los servicios públicos los dejaremos esta vez a parte porque da para mucho también.


Y por si fuera poco, un día se pronuncia el famoso político científico, hecho experto de la noche a la mañana, explicando que el cambio climático es “cuestionable” en lo referido si es provocado por la humanidad, e intenta hablar como un poeta lector de la biblia para calificar a los “abanderados del apocalipsis” del cambio climático como gastadores de recursos inútiles que podrían utilizarse para disminuir el hambre y la pobreza de mundo. Y, ¡claro, ahora lo entiendo!, por eso una gran ayuda a la pobreza y el hambre son unas pequeñas “intervenciones militares” necesarias por “la seguridad y libertad de los ciudadanos españoles”. Suena tan irónico y contradictorio. 
Y después sale otro personaje por la televisión que monta una cumbre para luego terminar diciendo a todos sus coleguillas de campamento que con que el capitalismo ha tenido sesenta años de éxito y la solución es liberar más el mercado. No me jodas, tendría que haber una conspiración para meterle en su ciudad de vacaciones Guantánamo toda su vida.

Y justo cuando escribía este post me mandaron un email con una columna de Arturo Pérez-Reverte escrito ya en 1998, que precisamente habla de eso y en el que como yo, muchos está hasta los cojones(para saber más sobre esta palabra, otro artículo de Arturo que colgué hace tiempo en el blog). Espero que me permita colgarlo, pasen y lean señores en este gran circo:

LOS AMOS DEL MUNDO
Arturo Pérez-Reverte
(publicado en 'El Semanal' el 15 de noviembre de 1998)
 
Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla antro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro. 
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management , y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden. 
 
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja. 
 
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. 
 
Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena. 
 
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.


Por cierto el título es una cita de Ortega y Gasset. Y por último agradecer las viñetas de Forges muy buenas y que muestran tan ironicamente la verdad verdadera. Y aquí os dejo con esta última. Por cierto el título es una cita de Ortega y Gasset. Hasta pronto!


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