La llama azul: las leyes


La ciudad estaba revuelta ante las murmuraciones que recorrían las calles e invadían la ciudad. En las tabernas se respiraba un aire de preocupación, en el campo un temor a mirar hacia las montañas, los caminos hacia la primera ciudad estaban más transitados. Las torres vigía del Norte  y los observadores habían avisado de extraños movimientos y apariciones más allá de los puntos geodésicos de Beibal aunque lo que producía temor era otro hallazgo. Y hacía muchos años que no ocurría nada parecido. Más allá de los límites de Beibal la oscuridad y el silencio eran costumbre y ley y rara vez ocurría algo en sus alrededores. En ocasiones criaturas los cruzaban y destrozaban cultivos o creaban algún problema, pero todas ellas estaban perdidas sin otro deseo que saciar su hambre ante su desesperación y agonía.

Los cazadores de demonios y los Brujos, los hacían desaparecer recibiendo grandes primas de los alcaldes, ricos o reyes. Pero aunque no hubieran aumentado las apariciones de criaturas, los incendios, ruidos y señales fuera de los límites  de las últimas semanas hacían augurar que algo estaba pasando. Y esto producía mucho miedo a los habitantes del sur, sobre todo a los ancianos que recuerdan la gran guerra y el establecimiento de las leyes de la llama azul. Éstas traerían paz y seguridad durante siglos. Después de la guerra se crearon tres postulados. Éstos se tallaron en la roca de la entrada a las grutas del monte del suicidio. encima de ellas se erigía una escultura de un león con la pata en el pecho. Se leía:

1. Bajo ningún concepto, ni siquiera por auxilio o necesidad, traspasarán los límites de Beibal cualquier criatura o ser distinto a los humanos. Al igual, ningún humano podrá entrar en los territorios del Norte.

2. No causar daño alguno entre seres de distintos territorios, y si así ocurriera dicho daño deberá ser pagado. Si hay muertes éstas se pagarán con la muerte de los asesinos.

3. Ante un asunto grave o necesidad de traspaso de fronteras se propondrá un concilio de diálogo en los montes del suicidio.

Por último, en símbolos distintos se escribía que si dos de estas tres leyes se incumplieran se pasaría a aplicar el pacto de los siete sellos.

Hace unos días sólo la primera ley se había violado, hasta que aparecieron varios cadáveres bajar por el río Caus.


[Foto: una escultura en los jardines del castillo de Nottingham en Inglaterra]

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