La llama azul: Ellos


Cuando se despertó a su alrededor había tres criaturas que parecían venidas de otro mundo. Se echó hacia atrás y se golpeó con el tronco del árbol.  No podía ver bien su cuerpo, pero eran seres erguidos con dos piernas y extremidades como manos, o lo que fuera aquello. Cada una de ellas portaba en la mano una luz muy brillante que dejaba prácticamente sin visión al mirar en su dirección. Troll tuvo que poner la mano para taparla de sus ojos y alejó la mirada hacia arriba. Había otra criatura que parecía llevar un animal de carga con ello. Un caballo robusto y más alto, nunca había visto uno como aquel. 


Parecía mirarles fijamente, con ojos grandes y cabeza alargada. Vestían atuendos de colores verdosos, una especie de sotana que llegaba casi hasta el suelo. Su perro no ladró ni una vez, permanecía bajo sus pies, asustado. Troll apoyó su mano sobre el suelo para no caerse y permaneció expectante. Sólo pudo esperar mientras sus ojos buscaban entre el brillo de las luces. Uno de ellos se acercó unos metros y separó la luz de él. Troll vió sus ojos negros y su cara pálida con dos orificios alargados en lugar de la nariz, una boca pequeña. Se volvió y empezó a emitir sonidos desconocidos para Troll, secos y entrecortados. Supuso que se estaba comunicando con el resto de criaturas. Entonces dos de ellos se acercaron sus varas a su cabeza. La luz se encendió emitiendo un color rojizo.

Ladridos, sonidos extraños y se le nubló la vista. Se desmayó.

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