La llama azul: Su renacer y el brujo



Troll no era humano, o quizás no del todo. Hablaba la lengua de los humanos, caminaba y escuchaba como los humanos, pero era diferente a ellos. Eso le marcó desde pequeño, desde que tuvo conocimiento de que los que le cuidaban eran distintos a él. No por ello tuvo padres que no lo quisieran, ni se ocuparan de él, pero no era una cuestión de familia, sino visión del mundo exterior. Aunque muchas veces se preguntaba si acaso importaba en el mundo que vivía. Sus padres adoptivos siempre le dijeron que era su hijo, aunque él siempre supo que no. 

Un día cerró la puerta de la habitación con sus padres dentro y no dejo que se salieran de ella sin saber la verdad. Le contaron todo, que lloraba mucho cuando le vieron, que creicó muy rápido y fuerte y que le auxiliaron cuando un brujo le iba a matar. Era un recién nacido indefenso sobre el suelo con sus ojos brillantes. Cerca de él una túnica negra escondía el cuerpo de un hombre, alto y con la capucha tapándole la cabeza. En su mano portaba una espada, llena de sangre. A su lado yacía el cuerpo de una criatura grande que yacía ensangrentada, probablemente su madre. Cuando el brujo levantó la espada para acabar con el pequeño, la voz de sus padres adoptivos le pararon, le sorprendió su presencia. Ahora todo cambiaba, el brujo no podía matar a una criatura indefensa sin una justificación, es la ley, y podría costarle su vida. Bajó su espada y se movió hacia ellos. Carraspeó y les preguntó si se ocuparían de él. Sus padres contestaron y aquel hombre se fue sin decir más. El brujo mató a la madre de Troll al cruzar los límites de Beibal, pura suerte que él sobreviviera, pero a menudo sus padres se preguntan si de verdad los Trolls cruzaron los límites o fueron obligados por el brujo, se podía esperar cualquier cosa de ellos. Hace tiempo que el brujo desapareció de la ciudad y nunca se le volvió a ver. Cuentan mucho sobre sus perversos actos pero eso ya es otra historia.Troll le debía venganza desde ese día.

Su nombre fue fácil, Troll, como llamaban a los de su especie. Y a pesar del reglamento, el pueblo cedió a que su familia le acogiera en su casa al verle como un ser indefenso. Con el tiempo fue aceptado como uno más, no tenía porque convertirse en una criatura horrible. Aún así creció más bien separado del resto de chicos, prefería quedarse en casa o ayudar a sus padres en el campo, lo cual les era muy de agradecer para ellos, dada su fuerza. A los catorce  años podría medir dos metros veinte y una envergadura y peso bastante superiores al de los humanos. Su piel era similar, algo más tostada y rugosa, más dura. Creció rápido y pronto empezó a ver las cosas de otra manera. Estuvo un tiempo luchando en los países del sur, donde conoció a sus grandes amigos. Aún así quería más.

Troll no se sentía a gusto en aquel lugar. Necesitaba conocer más, que secretos podrían esconderse detrás de los límites, ¿su pasado? Quizás ya lo único que le ataba al pueblo, la única razón por la que continuaba allí fuera ella, hasta que eso se desvaneció.

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