La llama azul: sueños


Después de buscar cobijo se tumbó junto a su perro encima de una manta y cerca de la raíz de dos árboles. Por cierto, su fiel perro se llamaba Drako y desde que le encontró  deambulando en el pueblo no se habñia separado de él. Pronto ambos durmieron.Troll soñó que las flores caían sobre sus cuerpos, que en la noche había luz y en la luz había vida. Soñó en unos pasos que se movían por encima de un pañuelo de seda, estaba sobre la naturaleza zigzagueante como un río, sólo que este era mucho más bonito. Su corazón empezaba a latir más fuerte según se aproximaba. Vió sus ojos oscuros y la sonrisa a la que reaccionó con un gesto de timidez. Sin decir nada ella se agachó y hundió su cuerpo sobre él.

Notó su calidez, su aroma a lavanda. Sus grandes brazos la abrazaron y acurrucados permanecieron así durante mucho tiempo, horas, días con el tiempo pasando delante de ellos a una velocidad desmesurada. Hasta que de repente el reloj se paró y Troll empezó a ver lágrimas que caían sobre sus mejillas rojizas, eran negras y dejaban un recorrido sobre su cara. No dejaban de salir de sus ojos, incluso empezaban a manchar su vestido blanco volviéndolo oscuro y arrugado. Olía a agua mezclada con tinta. No le miró ni vió sus ojos. Agachó la cabeza sobre ella y suspiró intentando sentirla más cerca, como un intento por frenar sus lágrimas. Volvió a abrazarla pero entonces se convirtió en aire, un humo negro que se disipó enseguida. Tumbado, volvió a soñar de nuevo,  en recuerdos que se van alejando, más y más.

Llévame lejos, susurró en el sueño, llévame lejos, llévame lejos ya…


[foto: Waterwood park en Loughborough]

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