La suegra negra [14:49]

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-Bueno, sinceramente yo no te he invitado, ha sido mi madre, se puso pesada y claro. Ay mi madre, que se acuerda mucho de ti, que si Luisito hacía esto, que Luisito el día tal, ya sabes, las charlas y risas que nos echábamos en el saloncito…

Laura sacó una sonrisa larga y profunda, llena de recuerdos y Luisito permaneció con su copa de Champán a la altura de su pecho. Se repetía una única palabra a sí mismo: mierda, mierda, ya decía yo que esto era muy extraño.

- ...qué buena es mi madre, parece tan poca cosa en su casa, en su soledad más profunda, pero qué gran mujer es. Gracias a ella te conocí, pero lo nuestro, ya sabes, nunca debiste decirme esas mentiras de mi madre, cada vez que pienso en ello, dios mío Luisito, menos mal que no sabe nada…

Laura seguía en su mundo lleno de flores y manteles de color rosa pastel, en la ignorancia profunda de quien tiene todo tipo de caprichos y no necesita nada más. De quien vive sobre el dinero y se cree que viene simplemente de las cinco propiedades de su madre. Luisito, sin embargo, sabía todo y eso podía ser la razón de su presencia en la boda.

- ...aunque ya sabes que fue otra cosa Luisito, cómo pudiste tener un hijo con otra a mis espaldas…

Luisito bajó a cabeza, no por resignación sino porque no quería dejar ver en su cara la ira que le comía por dentro. Termitas que roen su cerebro, que a menudo escucha ese sonido de la madera al ser escavada, crac, crac. Apretó los puños.

- Ahora eres feliz, Laura –sonrió.

Enseguida apareció el novio a sus espaldas y Laura cómo si se considerara fuera de lugar, como si la siguiente conversación fuera solo de hombres se marchó, saludando a una chica en la mesa contigua con un ligero gesto de encontronazo. Su novio era un tipo alto, un pingüino emperador con su traje, pecho abultado y los músculos saliéndose de la camisa. Una cabeza en forma de cono y un peinado efecto mojado medido al milímetro. Luisito sonrió, compadeciéndose de él, no por el aspecto ridículo que llevaba sino porque sabía que estaría incluido en algún plan de la suegra negra, como todos en el gran pastel.

- Tío, cuídate mucho y... –dijo Luisito y se inclinó hacia delante –ten cuidado con la suegra.

- Insinúas algo –dijo con una mueca agresiva.

"Siempre tienen que ponerse tontos cuando les dices algo así", pensó.

- No, que va, sólo cuídate.

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