La suegra negra [14:54]

14:54

-Luisito, Luisito, ven hijo, que te quiero comentar unas cosillas que tenemos pendientes.

Luisito se acercó a la mesa , donde habían dispuesto una silla sólo para ella en el jardín.

- Ven acércate más, cariño, que no te voy a morder  –dijo con una sonrisa en la cara.

Luisito volvió a dudar, pero finalmente se sentó a su lado acercando otra silla.

- Me acaban de avisar de que ya llegó la mercancía a puerto cuando quieras te paso el próximo alijo para que lo distribuyas enseguida.

Luisito percibió que algunas cosas empezaban a encajar y la suegra seguía teniendo sus planes de madrina.

- Ahora entiendo por qué he sido invitado en esta boda.

- Bien Luisito, bien. Parece que estas dejando de ser el gilipollas de siempre.

- ¿Y si me largo sin más?

- ¿Quieres volver a ver a tu hijo?

Sus ojos buscaban cualquier debilidad como un carroñero, husmeaba, palpaba y cuando había encontrado lo que buscaba sacaba una sonrisa de lado y sus ojos descansaban complacidos.

- Mi hijo está bien –contestó Luisito.

- Si Luisito, estará bien sí, y vete ya anda, antes de que la cagues otra vez…

Luisito no se movió. Ni siquiera ladeo el labio superior dando gracias, ni bajó la mirada en un gesto de lástima, ni tampoco le empezaron a temblar las piernas. Mantuvo su mirada hasta que sus cejas se arquearon y sintió sus dudas.

- Puedes irte Luisito –dijo con su voz rotunda.

-No –contestó sin apenas dejarla tiempo para retirar su mirada.

Las paredes de la casa ya no le parecían tan grandes, ni los jarrones tan caros y valiosos. Todo lo que tenía a su alrededor parecía estar debajo de su mano y en cualquier momento podría dejarla caer, aunque eso significara su vida. La suegra negra fue a hablar pero Luisito la calló son un siseo prolongado sin dejar de mirarla.

- Quizás ahora entenderás porque yo he venido…

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