La celebración secreta


[fotografía de la enorme catedral de Liverpool]

Y es que esa noche estaban todos juntos, arremolinados y nerviosos si como animales de granja enseñados esperaran que el Arca de Noe [gracias Biblia] los recogiera para llevárselos a la Ciudad de los poetas en busca del Alcaudón y enfrentarse a él [gracias Simmons] Estaban sentados en  viejos bancos alargados de madera que tenían el símbolo masónico de la escuadra y el compás grabados a los extremos. La gran catedral se dividía en dos hileras de bancos separadas por un pasillo central, donde pequeños libros alargados cuidaban de que todos los presentes no tuvieran ningún tipo de problema.

En el flanco de la izquierda estaba Federico García Lorca recitándole unos versos mientras Philip K. Dick le mostraba en sus manos un sapo robótico; Nikolái Gogol y Ovidio discutiendo sobre las transformaciones que podía sufrir el ser humano, tanto mentales como físicas; Goethe y Salman Rushdie mantenían una conversación interesante sobre los encantamientos del Demonio. Y así, cuerpos y cabezas se veían moverse hasta el fondo del la descomunal nave, hasta donde la vista no llegaba. Discutían, hablaban, miraban al techo, saltaban. Estaban todos y cada uno de ellos, porque todos eran funcionarios vitalicios de la Biblioteca de Babel [gracias Borges] y ese día se celebraba la aparición del Monolito [gracias Clarke], un día de obligatoria asistencia según se leía en la inscripción de una viga  que atravesaba el altar.

En el flanco derecho estaba Alonso Quijano con su armadura sucia siendo mimado por el cariñoso Platero; Samsa acurrucado debajo del banco mientras Robinson Crusoe intentaba dar suma importancia a sus aventuras frente a Ulises; Juan Tenorio explicándole estrategias de seducción a Max Estrella. Solo podía ver los más cercanos desde donde yo estaba, había muchos más que la memoria no alcanza y una nube de desconocimiento cubre, no por ello menos importantes. En los laterales de la catedral había grandes columnas salomónicas y esculturas de estilo Romano, Rococó, Bizantino, con ornamentos de lacería, greca y fronda, una mezcla de estilos de la más estrambótica procedencia. Las esculturas solían representar musas santificadas, la musa de la risa, de la pasión, del drama, rodeadas de pequeños ángeles con cabeza redonda como sandias, aunque de vez en cuando había algún que otro Lucifer con alas de dragón.

Se oían toses, suspiros, gruñidos, garrasperas, sollozos y hasta en ocasiones lloros desde el flanco derecho. También de vez en cuando se escapaba algún que otro sonido extraño, flatulencias varias. Tampoco los olores parecían ser pocos, desde la intensidad de Floyd hasta los más sutiles aromas, pasando por aquel de varios días sin mojarse. En definitiva era un cúmulo de personas que olían y sonaban a naturaleza humana. Yo estaba con la boca abierta agachado en un rincón de la catedral, tapado por un manteo debajo de una escultura y no daba explicación a mis ojos.

Entonces un enorme, viejo y amarillento libro apareció por una esquina del altar mayor, tenía unas pequeñas piernas que aunque se movieran deprisa avanzaba poco. Le seguían un ciego y su lazarillo [gracias a todos los anónimos]. El Gran Libro se apoyó sobre un atril y abrió sus páginas llenas de marcas de dedos que mostraban  un respeto imponente. El ciego dio un garrotazo al lazarillo y se sentaron debajo del retablo. El Gran libro se acercó al micrófono y empezó a hablar.

"Silencio.

(Su voz tan áspera como las cenizas de un cigarillo. El murmullo que inundaba toda la catedral se fue apagando poco a poco, continuó)

Después de un buen traguito de vino….

(Y todos los comensales sacaron de sus escondrijos una bota, un vaso, un cuenco, un pellejo, una jarra, un bol, una tinaja, un porrón, una aceitera, una maceta, una botella y otros muchos recipientes, eso sí, todos con vino, y le dieron un trago)

…alabemos a la Palabra…

(por favor, que se levante todo el auditorio, dijo el lazarillo con un susurro y una ola de cuerpos se levantaron)

…tomad y bebed todos de ella porque es el cáliz de la sabiduría, sabiduría del lenguaje eterno que será derramada por libros, plumas, musas, escritores y demás pecadores hasta el perdón por su gasto de papel y faltas ortográficas. Haced esto en conmemoración de la palabra…

(habitual pérdida de atención del auditorio, incluso la mía,zzzzz)

…por la libertad, el saber y la imaginación, por la omnipresencia de la Palabra y su unión con la Santa Mente Humana, todo Honor y toda Gloria, por los siglos de los siglos. Amén."

Todos aplaudieron con ilusión, no se si por la emoción del discurso o por las ganas de marcharse. Cerca de mí un hombre con un mosquete habló a su compañero con voz grave.

Tiene cojones, estoy deseando salir de una maldita vez de esta pocilga Athos...

Ciertamente, era un día de celebración, y secreta.

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