Cuando vuelan los Benebés: Hermanos

Augurios de guerra 3
Nilo mató a Miel y Dane como si fueran hierbas que estorbaban en su camino y me miró con tal indiferencia que no pude evitar tirarme hacia él con la única fuerza que mi rabia. Me perdonó la vida con un gesto de intentar devolvérmela cuando él me falló al decidir arrojarme al monstruo de las profundidades.


Sentí su miedo en ese momento, y por primera vez sentí la cobardía en un corazón lleno de valor. No supo hablarle al Rey, no tuvo el suficiente coraje como para pedirle mi salvación, aún siendo el Primer Caballero, aún siendo yo su hermana.
Mi hermano Leve me sacó de la ciudad Coral. Me liberó de la prisión de las ninfas y huímos al pueblo terrano. Leve conocía ese mundo, era su segundo pueblo, vivió antes aquí, creó raíces de amistad y amor. El problema es que cuando me salvó de la prisión le degolló el cuello al Rey en señal de duelo y eso supone la búsqueda de su muerte hasta el fin del mundo.
Ya no sirvo al pueblo del mar, los Leviatans, he profanado mi pureza como elegida al salir de las aguas. A parte de ello, mi supervivencia era la señal de que la guerra había comenzado, de que años de paz se convertirían en años de infierno. Lo que no saben es que yo guardo lo que buscan, lo que necesitan para su salvación.

Veo a mi hermano Leve esperando en lo alto de las rocas a enfrentarse a mi otro hermano, Nilo. Aún así siento su sangre correr por mis venas, sus labios dibujados por mis manos y la piel lisa y brillante de Leviatan, como la mía. Pero sus palabras son diferentes. 
Temo por la vida de Leve, igual que los Leviatans temen la ira del monstruo de las profundidades.

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