Cuando vuelan los Benebés: Torre Angelus

Fortaleza de Carcassone

Leve inmediatamente miró hacia su izquierda donde a quinientos metros se erguía una torre vigía de doble cuerpo que llamaban Angelus. Estaba siendo atacada o, al menos, eso parecía con la humareda que se había levantado rodeando la atalaya. Algo inexplicable cuando era un punto que necesitaría centenas de hombres para hacerse con él, a parte de que no estaba pegado a la costa. A no ser que hubiera algo más detrás de ese ataque que Leve no supiera. Lo que no podía permitir es que la torre cayera antes de tiempo ya que daba paso al camino que lleva a los bosques donde ha huído la población.

En unos segundos de desconcierto el Leviatán que tenía delante se echó encima de Leve y dirigió el garfio a su pecho descubierto. Sus ojos se crisparon ante la inevitable llegada del golpe mortal y demasiado tarde de esquivar. Sabía que su piel de Leviatan áspera y dura a pesar de su aspecto liso y frágil podía aguantar cortes y rozaduras fácilmente, pero aquel garfio iba a clavarse en sus entrañas y atravesar su pecho como si fuera de paja. Notó el delicado sabor del pinchado seguido de la agonía en su lengua. Pero antes de tocar su pecho el garfio del Leviatán perdió su fuerza presionando su cuerpo sin apenas hacerle un rasguño y cayó. Uno de sus guerreros apareció a su lado y le salvó la vida, cortó el brazo del Leviatan y a la vez otro guerrero a sus espaldas le rebanó la cabeza. 

Leve les miró viendo en ello los resultados de duras clases de combate. Les enseñó la ventaja de la lucha con apoyo cuando existe la inferioridad numérica. Dos hombres irían siempre pegados el uno al otro, atacando a la vez a un mismo enemigo lo que suponía una desventaja para la defensa contraria. Esa fue la razón por la que emigró un tiempo al pueblo terrano: aprender y enseñar técnicas de combate. 

- Jean coge dos de tus hombres, vamos a la torre… -gritó a uno de los humanos- algo no me gusta...

Tres hombres junto con Leve corrieron hacia la torre adentrándose en el bosque para rodear la costa. En diez minutos llegaron a la base de la torre donde se encontraron algo que no esperaban.

[foto: Fortaleza de Carcassone, Francia]

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