Cuando vuelan los Benebés: Torre Angelus II

Torre Angelus

Los cuatro hombres miraron asombrados a la torre que tenían delante. No se asomó nadie por las almenas triangulares ni tampoco se oía ningún ruido más que los gritos de batalla al otro lado de la costa. Leve se acercó al portón de roble y lo golpeó con la espada. Apoyo la cabeza sobre ella y esperó. Silencio. Deberían pedirle seña para abrir la puerta.

- Qué demonios…

- Es imposible, aquí dejamos a veinte hombres custodiando la atalaya -dijo uno de ellos que volvía de rodear la torre.

- El polvo se levantó cuando miramos hacia aquí...

Leve miró al suelo. La tierra estaba aplastada en algunas zonas, en forma de círculos. Unos más grandes que otros y rodeaban la torre. Sus ojos se abrieron, su mente reconoció aquellas huellas de otro tiempo y el miedo que no le había causado hace una hora cuando casi un Leviatán le atraviesa el pecho, le carcomió por dentro por esas simples marcas en la tierra.

- No pueden utilizarla, no…

Los hombres que tenía cerca no sabían de qué estaba hablando Leve y le miraron sin decir palabra, ¿utilizar qué? Leve aporreó de nuevo la puerta hasta que desistió.

- Subid a la torre con los ganchos y abrid por dentro. -dijo.

Uno de los guerreros lanzó una cuerda hacía al hueco de la torre y en pocos minutos subió hasta las almenas. Las cerraduras de la puerta se abrieron.

- No he visto ni un alma dentro, Leve.

Ni siquiera contestó y empezó a buscar en la sala, mover las mesas, utensilios, recipientes y rollos de cuerda. Nada. Subió las escaleras hasta el descanso del segundo piso, revolvió la despensa de víveres, vació los bidones de agua derramándola por el suelo. Nada. Continuó hasta la parte superior de la torre y tiró los estantes de armas y vasijas al suelo. Se acercó a las almenas y observó los dibujos que habían visto antes abajo. Eran círculos perfectos, en una distancia exacta entre ellos, realizados con un compás. Uno, tres, uno, contando la circunferencia que formaba la torre. Eran los números, eran las huellas. Los guerreros se acercaron al borde viendo las mismas señales.

- ¿Qué significa eso?

Leve sintió un escalofrío al recordar su nombre, la misma sensación de terror que vivió cuando era pequeño. Pero nadie se podía esconder de aquello, si te buscaba, te encontraba tarde o temprano. Si te quería muerto, estabas muerto.

- Ha despertado…y…es aquello por lo que no querréis haber nacido nunca…

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