La luz de ahí fuera

La luz de ahí fuera

Llega Agosto y la luz de afuera te llama y los que vuelven de vacaciones por los que se van, es decir, gallinas que salen por las que entran, osea, te como un alfil y tu a mi un caballo, en pocas palabras, no me digas que me quedé por ti porque no lo haré.
Terminada la temporada de conciertos tras ver al mágico Mark Knopfler con sus mágicos solos arriba y abajo y  toca irse por ahí. Lo siento por aquellos que sufrirán (yo sufrí lo mio) en Agosto el calor resecado de Madrid, aquel que te quema las cejas, te deshidrata hasta hacer pagar oro por una botella de agua y lo peor de todo, te cuece las pelotas hasta sentirlas salirse de tu cuerpo.

En mis vacaciones pensaré sobre algunas dudas estúpidas y variopintas que rondan mi cabeza como quién inventó la gran idea de hacer carreteras de doble sentido con posibilidad de adelantamiento y ¿por qué coño no lo patentó? O seguirán saliendo en los telediarios imágenes de la playa donde siempre sale alguien en pelotas(es que no falla, para mi se ha convertido en un buscar a Wally) O ¿cómo estáis totalmente seguros de que la luz de la nevera se apaga cuando cierras la puerta? O, ¿es verdad que si saltan todos los chinos a la vez, la tierra se ladea cinco milímetros? Hoy ya he resuelto una de esas incógnitas: ya sé para que sirve el agujerito pequeño que tienen secretamente todos los bolis bic. U otra que no creo que resuelva nunca, ¿es cierto que los 21 gramos de peso que perdemos al morir es nuestro alma? O, ¿estamos solos en este universo?

Disfrutar del verano. En las siguientes entradas subiré el siguiente capítulo de Cuando vuelan los Benebés, porque la historia no ha acabado...

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