Cuando vuelan los Benebés: El palacio de las ninfas III

El palacio de las ninfas 3

Leve se mantuvo escondido hasta que se pararon delante de la jaula de Cristal. Sin entender por qué  la sacaron del agujero de en al roca y la llevaron delante del Rey. Sobre su cabeza tenía coral azul que ondulaba con el movimiento del agua sobre su corto cuello. Vestía una prenda de Seda del mar inconfundible, recogida de los moluscos y minuciosamente trenzada. Sólo el rey podía permitirse su laboriosa creación y sólo él podía utilizarla.

Empujaron a Cristal y obligaron a inclinarse sobre su manto. Hablaron, pero Leve no escuchaba nada en la distancia que estaba pero no debieron ser palabras suaves cuando Cristal se echó el brazo hacia la cara y se sentó en el suelo. En un arrebato el Rey la cogió del cuello y la acercó a su cara susurrándola algo al oído. Según creía Leve, la única relación que podía tener Cristal con el Rey era a través de Nilo, sabía que era su hermana aunque no tenía por costumbre llevarlas a ningún acto donde estuviera el Rey presente. Empezaba a pensar que quizás detrás del encarcelamiento en el Palacio de la Ninfas había algo más que un sacrificio efímero. 

Cristal le respondió echándole hacia atrás y éste le asestó un golpe en la cara que la tiró al suelo. La sangre hervía por las venas de Leve igual que la de Cristal se difuminaba en el agua como un hilo de humo. No podía contenerse y salió de la piedra en sigilo. La comitiva se mantenía firme, apenas sin mirar el acontecimiento que tenía delante, nadie ayudaba a Cristal a levantarse. Leve buceó pegado al suelo, sosteniéndose sobre la arena y piedras como una morena. Cuando estuvo a una distancia cercana detrás de una roca se puso en cuclillas para coger impulso.

Primero nadó hacia los guardias de los que se escurrió con dos golpes en el pecho y aprovechó para girar en el agua y darle la espalda a Cristal. Sacó la daga que tenía en el tobillo con la mano izquierda y se la clavó en la garganta al Rey. No hubo tiempo de reacción en la comitiva, solo una cierta parálisis al ver a uno de los suyos atacarles para después herir de muerte a su Rey. Los ojos del Rey hablaban por todos y su voz murió hacia dentro en un esfuerzo por decir sus últimas palabras.

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