Retorno de espinas

Retorno de espinas


Cuando sin una razón explicable viene a tu mente el recuerdo del día que hiciste daño a quien quisiste, sin importar el paso del tiempo, ni los cambios y piruetas de la vida, sólo el recuerdo de ese instante, congelado en sus circunstancias y espacio, calcado hasta el mínimo gesto, la luz, el aire, el sabor amargo, el olor de las manos y el mismo pinchazo en el vientre.
Quizás no recuerde de qué color eran las paredes, pero sí que estaban escarchadas; ni si el humo de un cigarrillo me molestaba, pero sí que respiraba con dificultad; tampoco si me observaban cuando caminaba hacia algún lugar, pero sí que yo no podía mirar a nadie; es posible que fueran sordos mis oídos a los pitidos del tren, pero sabía que soltaría en su camino una estela de agujas. Cuando ocurren  estos retornos el alma se te escapa por la boca y el vacío que deja succiona tus órganos convirtiéndote en algo insignificante y estúpido al pensar que tuviste la oportunidad de borrarlo y no pudiste. Es una flor anaranjada rodeada de puas semitransparentes, no intentes tocarla que te pincharás algo más que los dedos. Es un retorno de espinas.

Y con él, este temazo de Scout Niblett que estoy escuchando últimamente y un consejo: si todavía no habéis visto la película de Pájaros de papel, hacedlo. Hasta pronto.

2 comentarios

Franco Chiaravalloti dijo...

Uau... que intenso. Quién no hubiese querido volver pasos atrás, hacer control + z y desdecir lo que, de todas maneras, igual diremos... Son pinchazos a la aorta...

Un abrazo. Sigo leyéndote.

Akaki dijo...

Si, a quien no le ha ocurrido y pinchan mucho...

un abrazo!

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