Cultura de bar

Cultura de bar

Hoy me retracto de la cultura de bar de barrio, cada vez la aborrezco más, lo siento por aquellos que les decepcione. A menudo prefiero estar en un banco en la calle solitario y mirando a los pájaros cagarse encima de las farolas que tener mi brazo apoyado en una barra. Estoy hablando del bar de barrio, de pueblo, del habitual, del más extendido. Y concreto esto porque si entramos a hablar de discotecas, guateques, entonces sujetarme los brazos que me abalanzo. Mis razones son las siguientes.
Lo primero es que estoy harto de que al salir del bar me haya fumado un par de cigarrillos sin quererlo y que la ropa me huela a tabaco y pulmones negros, sucios y podridos. Qué bien que llegó la ley antitabaco. Pero iría más lejos, si algún día llego arriba, mi proposición política será regalarles a todos los fumadores una escafandra portátil, un globo de cristal para que se lo pongan en la cabeza y que utilice como filtro su fantástica vestimenta. Así pueden fumar lo que deseen, en su maldito globo de cristal y al mismo tiempo reciclen el humo a través de su ropa y que por un agujero en la parte posterior salga el aire totalmente oxigenado y limpio. Es cómodo, fácil y encima contribuyes a la conservación del medio ambiente. Estupendo.
Lo segundo es el alcohol, si no bebiera algo no pudiera soportar estar ahí adentro mucho tiempo. Aún así me preocupa menos porque eso tiene su particular atractivo...in vino veritas.
Lo tercero y más importante es que si quieres escuchar las mayores gilipolleces, entonces ves al bar y encontrarás la fauna y flora más rica de la zona, es como entrar en una tienda de golosinas donde puedes elegir si coger unos ositos rojos, unas esponjas o unos aritos de azúcar, umm, a ver a ver que eligo…. Pues igual, hay mentirosos de fresa, chupatintas de chocolate, lapas pegajosas, exagerados picantes, chupócteros rellenos de pica pica, prepotentes con azucar glas, llorones con líquido, hipócritas con veinte edulcorantes. Es como si en un único lugar juntaras el círculo de las lamentaciones, el club de terapia compartida, el banco enfrente de las obras, el descansillo de la escalera, el juego de lanzar puñales por la espalda, el manicomio y por supuesto, el juego de pillapilla y el escondite. Es que se me agota, duerme, cansa la mandíbula de sonreir cuando me estoy cagando en todo por dentro, me aburro de fingir que me importa la vida de algunas personas, de tragar por los oídos, de ver a los que directamente te caen fatal. El caso es que nada más entrar, echo un vistazo a ver como está el percal y ya tengo ganas de marcharme, es sistemático. Entrar, ver, escapa como puedas. Me aburre el hablar por hablar y me encanta esa cita que dice algo así: no abras la boca si lo que vas a decir no es mejor que el silencio.

La verdad es que no todo es odioso para mí al entrar en un bar cuando no se tiene nada que hacer, también tiene su parte atractiva. Por ejemplo, ver como la vida pasa factura con justicia a los que se han excedido con ella, cuando te das cuenta de que algunas cosas no cambiarán nunca, cuando encuentras viejos amigos con los que viviste tiempos agradables y perturbados, cuando simplemente quieres bajar a la realidad española, y sobre todo cuando alguna persona de edad avanzada te cuenta la vida de otros tiempos. Eso último y los pinchitos, eso es, yo me concentro en mis pinchitos, los exploro con los palillos achatados, los imploro con la mirada, me pongo las orejeras y soy el hombre más feliz del mundo. Bueno, quizás si te quedas con estas cosas no sea para tanto...

2 comentarios

Anónimo dijo...

Vamos a ver, si yo tuviera más de cincuenta años, pongamos por ejepl. sesenta, y quisiera presentarme a un examen de acceso a la Universidad para mayores de cuarenta y cinco ( que sólo contempla una única asignatura: Lengua Española y Comentario de Texto ) y tuviera la mala suerte de que alguien del jurado examinador fuera un-a asíduo a este blog, y se le ocurriera poner este comentario 'Cultura de Bar' como texto para hacer el resumen, el esquema y el comentario, ¿ cómo resumiría, como estructuraría y como comentaría yo este pedazo de tratado mental que has elaborado, Akaki ? Dime, ¿ sí o no ? ¿ te gustan los baretos, no te gustan ? Por favor, relee, hombre, y ponte en mi lugar, haz un esfuerzo y determina una elección sin ambages ni dudas. Hazlo por mí, es mi última oportunidad para ser universitaria.

La Güela.

Akaki dijo...

jeje, interesante comentario…

Si un examinador cogiera este texto para un examen, entonces es que este país está más jodido de lo que imaginaba, aunque sería gratificante para mí y una put… para otros. Afirmo al principio: "Hoy me retracto de la cultura de bar, la aborrezco", y termino el texto: "bueno, quizás si te quedas con estas cosas no sea para tanto...", es decir, sí, es un tratado mental en toda regla, son dos pensamientos distintos, contradictorios, uno que surge al empezar a escribir y otro al terminar, por tanto hay un proceso. No tiene estructura clara, pero creo que se entiende lo que quiero decir con facilidad.

El escritor aborrece la cultura de bar por tres razones principales: el humo, el alcohol y las personas asiduas al bar. Aún así, encuentra en esta cultura pequeñas cualidades que le resultan atractivas y por tanto le crea confusión en si de verdad le gustan.

No sabría responderte con claridad "sí me gustan" o "no me gustan", no es blanco ni negro, pero como se que debes estar pasándolo muy mal y siendo tu última oportunidad para ser universitaria y yo no quiero ser partícipe de un posible suspenso: no me gustan los bares cuando hay humo, cuando se va a beber por necesidad y cuando hay ciertas personas en ellos.

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