Tertulias (con la soledad): ¿subes o bajas?

¿subes o bajas?

¿Ya estás despierta?, vaya, ¿es que madrugas todos los días?, ya, cierto, es lo que tiene vivir contigo, siempre estás despierta cuando abro los ojos. Fíjate, hoy he soñado con ascensores que suben y bajan sin parar y no sé dónde van, sólo veo números y números. Creo que tengo un problema con subir y bajar, cuando creo que estoy subiendo la maldita cajita del ascensor baja y cuando estoy bajando…pues es que estoy bajando, es decir que crea o no que suba siempre bajo. No me entiendes, ¿verdad? Bueno imagínate la siguiente situación.
Estoy en un edificio donde hay un único ascensor, gris, feo y con goterones de yo qué se en el espejo. No se el porqué, pero estoy ahí. Aprieto el botón con toda la ilusión del mundo y pienso, ¿qué me encontraré ahí arriba?, ¿qué maravillosas oportunidades me esperan en el piso 435? El ascensor llega, tarda un poco, pero llega y cuando se abren las puertas, sorpresa. Lleno de gente, ¿tal vez mil?, ¿dos mil personas? y ni siquiera un resquicio libre donde me cupiera una pierna había en el habitáculo, ¿dónde está mi hueco? me pregunté. Resignado decido esperar otro ascensor, veo como se cierra la puerta y la gente se va, hacia arriba, ¿tal vez el piso 435? No creo, ese sólo es para mí, tengo la sensación de que alguien me está esperando en él. 
Me entretengo contando los cigarrillos apagados en una papelera justo al lado del ascensor hasta que vuelve a llegar. 435, es una señal, como muchas otras que me voy encontrando. Llegó el ascensor y esta vez estaba vacío, uno a rebosar y otro vacío, más que curioso. Entro y miro el panel de los botones que ocupa toda la parte derecha del ascensor. La fila de números sube hasta el techo, no llego a ver cuál es el último número, pero distingo sus rebordes, sé que existe. ¿Quién sube tan arriba?, me pregunto. Busco mi botón y aprieto el 435. Sí por fin, me encanta el 435, quiero ir al piso 435, el piso 435 es el mío. El ascensor se pone en marcha y yo me distraigo mirándome al espejo. Sonriente. 
Se abren las puertas y veo un garaje con marcas amarillas en las columnas. Un número enorme se distingue en la pared del final: usted está en el piso 11, ¿y dónde está mi piso?, ¿dónde está mi sitio?, ¿me equivoqué de nuevo?, ¿y si el 435 no es mi piso?,  y ahí acaba la historia. Creo subir con ilusión, pero no subo. Fin. 
Puff, creo que ahora si que lo he liado, ¿verdad? Te diré otra cosa, yo quiero subir al piso 435, pero si tú me pides bajar, lo haré contigo, ¿Subes o bajas?

4 comentarios

ezequiel dijo...

Soy Felix (Profemac para los amigos) y hay mucho que retocar aqui con indesign, photoshop, illustrator, dreamweaver y paint e¡. jajaja, tio que soy Ezequiel, muy bueno tu blog, apartir de ahora fiel seguidor, un abrazo amigo.

Akaki dijo...

por un momento me lo creí, una milésima de segundo aproximadamente,jeje,
así me gusta que me sigas!
nos vemos!

Anónimo dijo...

Joder!!!por lo menos tu tienes ilusión por coger el ascensor, jeje...otros llevamos tiempo abajo_Tus relatos más tristes los mejores, te acerca un poco a Eskorbuto, je_Seco

Akaki dijo...

ni subimos ni bajamos majo!!
Y no menciones a ese grupo, no se parece en nada y no me gustan!

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