¿Volveré a verte mañana?

¿Volveré a verte mañana?

8:00 de la mañana. Me arranco las legañas, me pongo la ropa de ayer que estaba encima de la cama, doy por perdido el desayuno y salgo cagando leches de casa. Llegaba tarde a mi cita habitual, me importaba una mierda llegar tarde al trabajo pero no podía faltar a mi cita. Eso nunca.


8:10. Cojo el tren con los pitidos rumiando mis talones y las verduleras gritando hacia la puerta como locas. Me regocijo de ellas durante unos segundos detrás del cristal y voy hacia el segundo vagón desde el final, justo en la zona donde hay tres asientos seguidos y otros dos enfrente. A veces incluso coincido con el mismo tren, el que tiene pegado un chicle rosa cristalizado debajo de la pantalla informativa.

8:13. Allí está, sentada, encajada en su lugar como un huevo en la huevera, haciendo que lee un libro muy interesante, moviendo la cabeza como si escuchara la música de su mp3, formando rulos en su pelo con una dejadez rebelde pero a la vez estudiada, mirándome de reojo y haciéndose la desinteresada ante mi presencia. Pero el secreto de sus ojos no me engaña, ellos me lo cuentan. Me siento en mi huevera: enfrente.

8:15. Imagino que la hablo por primera vez. Ni siquiera se como es su voz, pero la imagino dulce, como su cara; y suave, como su pelo castaño. La invito a dar una vuelta, la cojo de la mano sin contemplaciones y la llevo a dar un paseo por el Retiro, hablamos de tonterías, nos reímos de los caminantes perdidos que buscan la salida, contamos los turistas italianos con gafas de sol enormes, compramos un granizado de limón de los que pierde el sabor con dos sorbos y nos sentamos a observarnos detenidamente uno al otro antes de perder el control...

8:42. Próxima estación, Sol, conexiones con... Esa es la mía. Me pongo nervioso, no quiero levantarme, pero ¿qué iba a hacer si me quedaba allí sentado? Nada. Me despido en silencio.

8:43. Nuestras miradas se cruzaron en el último segundo como siempre, pidiendo que ocurriera algo distinto esa vez.

8:44. Salgo del tren, y echo la mirada hacia atrás. Se cierran las puertas y yo subo las escaleras. Tranquilo, mañana tendré mi cita habitual.

8:51. ...pero, ¿volveré a verla mañana?

4 comentarios

Pablo Gonz dijo...

Hola, Akaki:
Una nota, nada más, para comunicarte que enlacé tu blog desde el mío.
Un cordial saludo,
PABLO GONZ

Akaki dijo...

Hola Pablo,
gracias por agregarme a tu blog, lo haré yo también,
pero antes leeré algunas entradas tuyas!jeje

un saludo!

Ezequiel dijo...

Me parece muy bonito este relato colega, me hace recordar muchos momentos parecidos a este, se nota que eres un romántico jejeje, yo también lo soy no puedo evitarlo...

Anónimo dijo...

Ya se sabe que escribes bién, pero últimamente te superas...
Gran tema el de la esperanza, toda una puta que justifica los días venideros....
Seco

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