La tienda de golosinas (Parte 1, el diálogo)

La llamada

- Por supuesto que no me lo he inventado.
- No te creo.
- Pues no lo hagas.
- ¿De verdad?
- Sí, de verdad.
- Pero, ¿cómo es posible si es algo que siempre ha sido igual?
- Porque el mundo gira, los listos se vuelven tontos, se llevan los pantalones de pitillo otra vez, los todoterrenos inundan las ciudades y Roberto ahora es homosexual, las cosas cambian, Laura, cambian.

- Me decepcionas.
- ¿Yo?, ¿por qué?
- Sabes que no se trata de una moda, es algo que le identifica totalmente, si no es así entonces, ¿qué es?
- Aún así no tenía sentido que fueran azules.
- En eso consistía, por eso molan, porque podrían ser amarillos pero no, son azul chillón.
- Tonterías.
- ¿No te habrán engañado?, ¿te han comido la cabeza Gustavo y Franchesco?
- Pero si hace días que no hablo con ellos.
- ¿Por qué?
- ¿Hace falta que te lo recuerde?
- No es posible.
- ¿El qué?
- Que ahora no sea azul.
- Joder, Laura.
- Maldito Robihno.
- Querrás decir Mouhrino.
- Pues Mourihno.
- ¿Qué culpa tiene ahora el mejor entrenador del mundo?
- ¿Es que no has visto el vídeo que han hecho de él? Me da igual, ese gilipollas tiene la culpa de que ya no sean azules.
- Tampoco es para tanto.
- Pero, ¿de verdad que no son azules?
- Pregúntaselo a Mourihno anda.
- ¡Mira!, en la otra acera hay una tienda de golosinas.
- Laura…
- Vamos, puedo aguantar más sin verlo con mis propios ojos.



(Lee la segunda parte y si te atreves, la tercera)

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