La tienda de golosinas (Parte 2, el monólogo de Julián)

La llamada II


Piensa, Julián, piensa, han pasado tres días desde el fin de semana y no puedo soportar más sin volver a ver esa sonrisa preciosa, las manos suaves y delicadas y esos pechos, sobre todo esos pechos grandes como dos camiones de cervezas y perfilados como un porsche, voluptuosos e incitantes que podrían ocupar un lugar junto a mi vitrina de trofeos.
Algo se me tiene que ocurrir para ir donde trabaja y, por supuesto, que Laura no se entere, porque no faltaba más que se ponga a llorar simplemente por decirle cualquier cosa así. Dios mío, hace días que no se aparta de mí, ¿cuándo pienso decírselo? Ya lo pensaré, ya lo pensaré. Ahora necesito ir a la maldita tienda de golosinas. Debe salir por iniciativa suya, eso es, y, ¿por qué iba a querer ir a la tienda de golosinas? Las mujeres necesitan algo que les trastoque los planes, un cambio absurdo que les indigne y como nunca creen a los tios tienen que comprobarlo con sus propios ojos, por cojones. Eso es, algo como…maldita sea, mañana es el Madrid-Barça y no se me quita de la cabeza el video de youtube donde Mourihno pregunta por qué los sugus de piña….a tomar por culo, ya lo tengo, sí señor olé, olé, olé. A Laura le encantan los sugus, se los come con varias manos, no pasan dos segundos después de tragarse uno y meterse otro en la boca, compra bolsas en almacenes de venta al por mayor antes de salir de vacaciones, Laura se metería en una bañera de sugus y se los iría comiendo uno a uno hasta reventar. Increíble, alabado sea quien subió ese vídeo a internet. “Los sugus de piña ya no son azules”, esa jodida frase le va a doler. Venga,  Julián, ahora sólo queda soltárselo. Con sutileza, me preguntará veinte veces si es verdad y otras veinte que si la estoy engañando, pero firmeza. Ahí va. Ya está. Mantén la compostura y todo fluirá, cuanto menos hable mejor. Si la doy la razón la cago y si la increpo también así que pocas palabras. ¿Gustavo y Francesco?, ¿qué tendrán que ver mis amigos con esto? Aguanta, aguanta. Eso es, Robihno, pero si se fue del Madrid hace un año…¿que Mourihno es gilipollas?, la vamos a tener al final, verás, aguanta Julián, aguanta. Ya estamos al lado la tienda de golosinas. Vamos, vamos. Los sugus de piña te llaman Laura, escúchalos, mira en la otra acera, vamos, vamos. ¡Sí! 

(Para entender "algo" es posible que necesites leer la primera parte, el diálogo
y si te atreves a continuar, la tercera parte.)


2 comentarios

Anónimo dijo...

jajaja
ahora todo queda mas claro! benditos pechos voluptuosos! jejeje

Akaki dijo...

jeje, pues la historia continúa por otro monólogo: nunca nada es lo que parece...

un saludo anónimo!

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