Toca jotas. Llevaba unas cartas como para machacarla y a la muy…. ahora le toca jotas, después de una escalera de color. Mi pose de cucaracha, no era de asombro sino de desconcierto. Sobre la mesa, las llaves de mi madriguera y mi segunda muda de hoy. Delante mía, un insecto palo de labios carmesí con un cigarrillo que nunca se consumía. Detrás suya, dos escarabajos Hércules con pinganillos y vestidos de Brioni. Más allá, la puerta de salida. Sólo se me ocurrió decir con una sonrisa estúpida:
- ¿Puedo llamar a mis larvitas?









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