Las telenovelas de mi madre

telenovela


Las anestesiantes novelas de televisión de mi madre son auténticos chutes para conciliar el sueño, sin embargo, no te dejan dormir, y yo he sido contagiado por una de sus puntiagudas jeringuillas.

No es que tenga nada en contra de ellas, a parte de que el tiempo transcurre en una cámara lenta que ni con el rewind del mando podría acelerar (comprobado); de que en las escenas más turbulentas hay un piano machacante que te traslada a una habitación blanca y sin ventanas donde continuamente se están rompiendo cristales, crash, crash, trash, como si Bruce Willis estuviera en su jungla; de que esas notas agudas intentan crear una intriga que lleva siete capítulos sin encontrar el final, en lo que Frodo llega a Mordor todavía está el tipo intentando salvar el granero de la hacienda en llamas; de que el primer plano de la mujer fatal, cabreada y deseosa es increíblemente descompuesto y exagerado, tanto que parece que estoy viendo a una bruja de Disney;  de que te puedes perder tres capítulos y todavía no ha dejado de llorar la cuñada, ni el primo no ha conseguido matar al que ha pillado en la cama y ni el abuelo ha parado de consolar las penas; de que siempre alguien descubre que su madre o su padre no es quien creía, o bien le han robado el niño injustamente, o bien que la cárcel es su destino inevitable; de que hay un personaje sorpresa que viene a joder la marrana justo cuando la familia es feliz y alegre.

Quería decir, no es que tenga nada en contra de las telenovelas de mi madre, sino que estoy jodidamente enganchado como la droga de después de comer. Es comer y tambaleándome un yonqui me voy al sofá del salón para visionar con una ansiedad descontrolada el capítulo del día. Y quiero salir de este mundo telenovelesco que me consume, me arrastra, me lleva a plantearme la razón de mi existencia como ser humano en la tierra y del universo. Las madres tienen anticuerpos y defensas suficientes para consumir sin caer en la destrucción. Es más, disfrutan de ella, la manejan a su antojo. Dame un antídoto madre, sácame de este suplicio.

4 comentarios

Eli dijo...

Realmente creo que encontrar el antidoto para eso es casi imposible. Creo que todos en algun momento de nuestra vida nos hemos visto atrapados por una de esas telenovelas que te provocan un tic en el ojo y que se convierten en una droga...
La solucion?? verla hasta el final y prometerse a uno mismo no empezar a ver otra para evitar la dependencia :D

Y siempre quedaran las alternativas de los documentales de la 2, muy interesantes la mayoria de las veces ;)

Akaki dijo...

Eso no e sun antídoto eli!puede llegar a ser infinita la telenovela!jeje

Xelaya dijo...

Kaki... yo estoy enganchada en la distancia a Amar en tiempos revueltos... eso si que es fuerte... que mi conexión es una patata y aún así con parones de cada 5 segundos, sigo enganchada.... y por más aburrida que se vuelva... no puedo evitar estar implícitamente esperando a que cuelguen el siguiente capítulo....
Uff... menos mal que no tengo TV porque dicen que las telenovelas brasileñas son aún peores...

Akaki dijo...

jaja, jodeeeer, Xelaya, eso si que es fuerte, con parones de 5 segundos!, es decir el suspense se mantiene aún más!. Tienes que ir a un centro de desintoxicación antes de que se haga muy tarde y empieces con las telenovelas brasileñas!jeje

Xelaya estoy esperando tu colaboración en el blog...jeje

Publicar un comentario

Toggle menu