Lentejas para comer (II- El viejo)

Lentejas para comer

Cada día me pesa más el cuerpo pero el placer de ver a esa bruja recogiendo toda mi meada en el salón era glorioso, inexcusable, inintercambiable. Ya no sólo me pasa en el baño, sino también en el salón, la cocina y hasta por el suelo de la terraza he visto bajar chorrillos de agua amarilla.
Creo que ya casi tengo sincronizada la vuelta ciclista de la televisión con mis pérdidas, los días que toca un puerto de montaña son los peores y creo que es hoy. Ahora me pone pañales, pero yo los traspaso como si echara ácido. Hoy me ha quitado el pantalón y la miró dudosa, sabía lo que pensaba. Sin decirla nada enseguida la sangre empezó a bajar de mi cabeza hasta posicionarse en la zona cumbre, pero hoy me ha puesto el pañal y sin más se fue a la calle. Pocas veces salía de casa a estas horas. Tengo mucha hambre y siempre me habían gustado las lentejas pero la comida estaba rara, además la arpía solía insultarme un par de veces en este mismo instante y no ha ocurrido. Algo planea, la forma con la que mira a mi hijo, poseída, me inquieta. Se cree que no me he dado cuenta por ser un viejo podrido, pero me complace saber que hoy volveré a disfrutar, mi hijo no creo que consiga volver a poner firme su miembro.

Leer parte anterior.

{Escrito en Mayo 2006}

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