Retazos de un desbordamiento anunciado

Retazos de una desbordamiento anunciado

Retazos, retazos, retazos, retazos, retazos, retazos. Me alborota, ha aparecido sin previo aviso y sin una explicación. Me ha pillado desprevenido a la vuelta de la esquina y ahora es una hoja amarillenta que intento quitarme de la suela del zapato dando patadas al aire sin ton ni son. Se vuelve obsesiva en mi cabeza, se repite con golpes constantes de un martillo sobre un clavo en la pared, me persigue como un hombre con capucha en los pasillos de un hospital abandonado. 
Sé que hasta que no la subraye en un título como esta entrada no me sentiré complacido. Entonces la escribo en el papel y empiezan a salir otras, ramificaciones de un árbol, y después otras y así entras en un estado de excitación donde a la mente se le llena la boca de polvorones. Tiras del hilo y no dejan de salir más y más palabras, de una madeja que no sabes cómo es de grande. La velocidad de las manos al escribir no es suficiente y se amontonan las palabras, las frases, los párrafos, el agua se acumula en una presa que he decidido construir como muro de contención a la imaginación desbordante. En lo alto, los patos graznan y huyen en un vuelo al ras, una señal premonitoria, augurios de destrucción y catástrofe. Conocía aquel sonido, es más, sabía por qué estaba allí. Empecé a escribir mas rápido, borrar, garabatear y reescribir, en un impulso de desesperación por no perder lo que no tenía. Doy vueltas a las palabras azucaradas formando, por la fuerza centrífuga, algodones de azúcar rosa.

Deliberar era costoso y el tiempo de acción limitado. No doy a abasto y tengo que abrir con cautela la presa para añadir agua limpia, se alborotan las palabras, se rebelan al buscarlas en la memoria, algunas se resisten como un tronco atravesado en el río y por ello atascan los artículos, los pronombres y las preposiciones, son becerros tontos que chocan unos contra otros. Estaba inmerso en un estado de satisfacción por el hallazgo y frustración por la inutilidad al querer guardarlo en la memoria del papel, la misma inutilidad que precede a un cataclismo voluptuoso del diccionario mental. Para evitar entrar en una catarsis irreversible del lenguaje, libero el embalse y se produce un torrente que arranca árboles, destroza las orillas del río, llevando consigo barro, fango y animales muertos. Una parte de mi está feliz, sabe que ha salvado algo y tenía una experiencia en mente: las montañas no dejan de manar agua después de un desbordamiento. Entonces sobre una barca de papel, agarrado al mástil, estiradas las velas y la vista al horizonte me deslizo empujado por el viento. Las palabras, ahora sí, se mueven a un ritmo elegante. Así es como se vive la construcción de una historia desde un palabra que ha llegado a tu mente inesperadamente. Retazos fue la palabra que vino esta mañana. Estos días son fantásticos.

[Foto: presa del embalse de García Sola, Extremadura. Gracias Xelaya por cederme involuntariamente una foto tuya, la he cambiado un poquito :-)]

3 comentarios

Petra Acero dijo...

Solo una apreciación semántica: un vocablo por otro (ya sabes cuál). Según lo iba leyendo, lo sentía cercano, casi propio: un pensamiento mío redactado por otra persona. Expresas deliciosamente, plásticamente, lo que tantas veces me pasa hasta que logro plasmar la idea en papel. Akaki, si no me gustase escribir, te pediría que fueses mi "negro":) :) :). Uno de tus mejores relato-reflexión.

Akaki dijo...

Después de aclarado el tema del "negro", jeje, sabes perfectamente que tu no necesitas ningún negro para que escriba por ti!
Me alegra saber que te ocurre lo mismo al escribir! a ver si de tu próxima palabra inesperada sale el próximo relato del blog! ya estoy esperando...

Anónimo dijo...

crak la verdad q cada vez te vas superando...incluso me obligastea escribirte, muy bueno

Seco

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