Mi vida no es mía, es de otros

Campo concentración Terezin 
{Un relato construido por simples sensaciones e impulsos. Sube los altavoces y lee}

Me levanté, pisé cuerpos que tosían y miré por la ventana ensuciada por el barro. Una vida hecha trizas, una muñeca de porcelana rota. Querría saltar por la ventana, romper el alambre con puños de acero, correr campo a través tocando con las manos la punta de un trigo dorado. Querría gritar hasta que su voz se desgarrara, se deshiciera débil, hasta que su garganta gorgoteara sangre. Una vida que no era mía, no sabía de quién era. Mi padre tocaba el acordeón que mezclaba con tragos de vodka. A veces bailaba en un juego grotesco, con las manos en la cintura, se subía encima de la mesa y me enseñaba sus dientes negros y mellados. Me cogía de la mano y me daba vueltas sobre mi misma. Cantaba sumido en la tristeza del mañana, del frío que le esperaba en la calle. Soñé con tejer mis sueños, viví con deshacer mi vida. El velo negro me tapaba la cara, no me dejaba ver el cielo con claridad, el suelo era pedregoso, la cruz ornamentada vieja y oxidada. Un coro me hipnotizaba en el olor a incienso. No lloraba. Querría desgarrarme la blusa con las uñas de los dedos, coger tierra del suelo y lanzarlo al aire. Querría manchar la Vigilia, ensuciarla y pintarme de blanco. Querría gritar hacia dentro, a los pulmones, llegar hasta el corazón. La puerta de la cocina estaba entornada, lo justo para verles hablar y moverse por la habitación nerviosos, lo justo para no escuchar. Tarde o temprano vendrían aunque mi padre no nos contara nada. Mi hermana era una mujer hermosa, si tenía suerte se casaría con un funcionario con traje de botones de plata y casa en la ciudad. No me despedí de ella. Querría mandarle una carta, escribirla todas las noches, sin olvidarme de ninguna y después lanzarla al aire. Querría soplar y soplar para que se moviera rápido y no se perdiera. Querría gritar con voz, que me oyera alguien bueno. Los días pasan unos detrás de otros en una larga línea. Todavía no se saben cuando los transportes marchan. Mis manos no son de pianista, no son suaves y delicadas. Mi rostro no es bello, tampoco mi cuerpo. Mi vida no es mía, es de otros.
 “January 11, 1943. So the days pass, one after another, in a long line. In the greater world, a terrible storm is brewing. And here, the Jews wait under hard conditions, hoping for the future. It still isn´t known when the transports will go” Pequeño fragmento en inglés recogido del libro The Terezin Diary of Gonda Redlich 
Foto: Campo de concentración de Theresienstadt(Terezín), al norte de Praga.


2 comentarios

jorge dijo...

muy chulo, y la musica le da un puntazo al relato!

Akaki dijo...

jeje, me alegra que te gustase, la música tiene el ambiente perfecto de cómo me imagino la situación. Fue importante para escribirlo, la escuché un montón de veces mientras escribía!jeje

un saludo vaquero.

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