III. Suciedad. Los muertos no resucitan

Hostal en Madrid 1

Abril le preguntó un lugar donde dormir esta noche. Rubio le dijo que vivía a las afueras. La gente está desesperada por una buena compañía, busca alejarse de la soledad, rodeada por multitud de personas sin nombre, que pasan por su vida sin dirigirse una frase. Rubio mantenía esa mirada de escáner. Sucia. Abril salió del coche y le agradeció el viaje. Cogió la maleta y no volvió a mirarle a pesar de saber que Rubio buscó esa última mirada de complicidad de las despedidas, incluso esa ilusión perdida de conseguir su teléfono. Atocha. Buscó el luminoso más cercano donde le indicara un hostal. Fácil.

— ¿Noches?

Mulata. Cuerpo desproporcionado, pechos rebosantes y manos de barro. Mediana edad. Una blusa ajustada azul. Abril se entretuvo examinando qué era ese bulto que tenía debajo del pelo grasoso.

— ¿Me dirás cuánto te quedarás, blanquita?

Sus labios eran dos chorizos que chocaban y emitían un sonido similar al chapotear en un charco. ¿Estaría casada con un negro polígamo de Costa de Marfil?, ¿tendría a tres o cuatro niñas con trenzas postizas de colores amarillo y rosa?, ¿venderá cremas para emblanquecer la piel o utilizará agua oxigenada?, ¿tendrá un cuchillo de cocina en el cajón bajo el mostrador?, ¿pensó alguna vez en matar a toda su familia, esconder sus cuerpos por las habitaciones y volver a su país? Cobarde. 

— No lo sé contestó Abril hipnotizada todavía por la densidad de su cabello.

La mulata levantó las cejas, marcó una raya en una tabla y restregó la hoja por la mesa. Abril escribió en el papel unos datos falsos, ni siquiera hizo coincidir una sílaba de su nombre y apellidos como a veces ocurría. Habitación 6 (del piso 9). La mierda me seguía a todas partes, pensó. Final del pasillo puerta de la izquierda. 

La habitación tenía un balcón que daba a la calle. ¿Santa María de la Cabeza? Se escuchaba el ruido de los coches y sonidos provocados por la aglomeración de personas. La colcha tenía una mancha roja en el borde. Abril la miró y se sentó en la otra punta, cerca de una mesilla de metal. Tenía ganas de decir una frase como "estoy aquí", "ya he llegado", "que bien" pero algo se lo impedía. Abril seguía creyendo que su estancia era transitoria, que solo pasaba unos días en Madrid, tal vez de turismo. "¿Qué voy a ver hoy?", era su pregunta. Miró la pequeña televisión que flotaba en el aire en la esquina. Buscó el mando. No lo encontró. Nunca dormiría en un sitio así de turismo. Revolvió el interior de la maleta. Debería ducharme, estoy sucia, pensó. Sucia como una cucaracha que merodea entre cáscaras de plátano, como una puta en en el asiento de copiloto de un camión, sucia como el jardín desatendido de una usurera, sucia como los bajos de un autómovil un día de lluvia, como los anillos de oro de los corruptos malagueños, como las promesas cínicas y temporales, como el pelo de la mulata, sucia como la culpabilidad ante la muerte, sucia como la pureza de la traición.

Se duchó.

4 comentarios

Petra Acero dijo...

...Sucia como tu conciencia cuando nos dejas con la hipótesis en los labios.
Esto se va complicando. Bien, muy bien... Pero te lo estás poniendo muy dificil, Akaki.

Un saludo a cara descubierta, vaquero.

Akaki dijo...

Se va complicando y cada vez es más complejo, pero también las piezas empiezan a encajar en mi cabeza, tal vez haya sorpresas, pero eso se sabrá más adelante....jeje, me está gsutando esta historia...

Un saludo, vaquera!

Ximens dijo...

Akaki: Este capitulo es de transición, espero. Aquí el lector no queda atrapado al inicio ni al final. La escena en recepción y la habitación me ubican sobre todo en el tipo de hostal. Tengo un ligero problema con el narrador, pues es un omnisciente que además opina, o eso creo, y entonces, cuando hay opinión o pensamientos que dice claramente que son de Abril, pues vale, son del personaje. Pero hay otros que no me quedan claros, por ejemplo: "Sus labios eran dos chorizos..." lo dice en narrador, pero si es omnisciente no puede decir "¿Estaría casada...•, luego esto lo piensa Abril. No sé si me explico, pero los pensamientos de Abril deben ser de ella, y las opiniones del narrador de él (aunque creo que no debería opinar). En fin, que como verás me monto un lío yo solo.
Venga, continuará

Akaki dijo...

Si, el narrador es como dices, veo que te fijas bien, jeje. Soy consciente de ello, digamos en esta ocasión no he querido "ponerlo en orden" y simplemente me he tomado la libertad de jugar con el narrador y la forma de contarlo, se trataría de un narrador muy pegado a Abril, incluso que opina como si fuera ella, aunque a veces se aleja bastante. Es curioso. Tal vez un experimento.

Espero que leas el siguiente!

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