Sonreir de la forma más estúpida posible

mosca-barba

Pica, le dijo a él. La mosca la hacía daño en los labios que se enrojecían con el pequeño roce. Miró su boca pequeña y sonrió. Era cierto, tenía la boca enrojecida.

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Tocó la mosca debajo de los labios. En forma de triángulo inverso, rugosa, con pelos morenos y algunos pelirojos y rubios, era la única parte de la barba sin rasurar. Se la había dejado varios meses, le gustaba porque le daba un tono atrevido, parecía más mayor y serio de lo que era. Cogió la cuchilla y la rebasó con tres pasadas, con rapidez antes de dejar espacio al arrepentimiento. Se observó como era sin ella. Demasiado simple. Pero al final sonrió de la forma más estúpida posible.

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Los besos son fútiles si no fuera porque hacen cambiar tu forma de besar el mundo.

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Se fue al baño y se miró en el espejo. Tocó el espacio que quedó debajo de sus labios, tan vacío como su interior. Nada. La barba le había vuelto a crecer un poco igualando su cara. Resistió las ganas de gritar y tirarse al suelo para esconderse en un rincón. Se afeitó de nuevo. Toda la barba, menos la mosca. Cuando terminó, se mojó la cara para quitarse las lágrimas de los ojos. Observó. Allí estaba otra vez, su triángulo. Sonrió de la forma más estúpida posible.

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