X. Volver a huir. Los muertos no resucitan

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[Foto de Daniel Iván]

—Adrien, ¿No?, ¿cómo?, ah bueno, perdona, yo soy...soy Abril, ¿recuerdas?...buenos días. Sí. Sí, Tenía prisa. Lo sé, lo sé. Pero cogí tu teléfono y te estoy llamo ahora...necesito tu ayuda ¿Quedamos? Ya, estuve muy bien, sí. Estoy durmiendo en un hostal, un poco cutre. Tienes que venir. ¿Lo harás en coche? En Atocha. Número 12. Ok. Entra directamente, nunca hay nadie en recepción. Ya, tenía cosas que hacer. Te mentí. No soy de Madrid. No. Perdona. Adrien, Adrien, ven por favor, es muy importante y solo puedo confiar en ti, solo estás tu. No tardes. De acuerdo. Date prisa por favor.

Soy sucia, soy una puta, soy una puta sucia que se aprovechó de alguien, pensó Abril. Y ahora he vuelto a cometer otro error en un impulso por limpiar la suciedad adherida a mi piel, pensó. Ni siquiera me siento bien al haberlo hecho, solo un sentimiento de desahogo pero no estoy bien, pensó. Me comió por dentro desde que supe que Hugo mentía, desde que sus ojos me hablaron diferente a sus palabras, pensó. No quería hacerlo, me engañó esa rabia contenida, pensó. Besé los putrefactos labios de Hugo para ser su dueño, como había hecho con otros muchos, me utilicé como una puta sucia a mi misma, pensó.

Abril caminó por la habitación, se quito la blusa manchada de sangre. Buscó el mando de la televisión pero no lo encontró. En una hora Adrien entró en la habitación. Ni siquiera la miró cuando vio a Hugo encima de la cama y las sábanas ensangrentadas.

—Tú...¿Qué has hecho? ¿Estás loca?¿me voy de aquí? Oh Dios mío, estás loca, me he acostado con una loca, joder.
—Por favor, Adrien.
—Que no me llamo Adrien, joder, ¿Para qué me has llamado?
—Intentó violarme. Vinimos hasta aquí, creía que era un buen chico...
—Mierda, mierda, dime una razón por la que tenga que hacerlo, una puta razón.
—No tengo a nadie, estoy sola y tenemos que sacar esto de aquí si no quiero que acabe todo mal.
—Joder, joder. Y la negra esa, pesa más de 100 kilos. ¿Que vas a hacer con ella?

Abril miró al cuerpo descomunal de la mujer en el suelo. El hurón seguía en su pelo ignorante de que su casa había muerto y pronto se pudrirá.

—Se quedará aquí. Por favor...

Adrien miró al reloj, era mediodia y no había comido. Se le había revuelto la tripa en un minuto. Miró a Abril. Sus ojos mostraban tristeza y se acordó de como lo hicieron el amor hasta la extenuación, en la pared, en la mesa, en el suelo, cómo se deslizó sobre su cuerpo usando la boca, sus pechos colgantes movidos a un ritmo lento y controlado. Y sintió deseo. Y Abril se volvió a sentir sucia y culpable porque leyó sus ojos.

—Tengo el coche en doble fila. ¿Y después?
—Haremos el amor de nuevo y me marcharé para siempre.

2 comentarios

Petra Acero dijo...

Uf!!! De cine negro.
Akaki, termina ya, no puedo mantener tanta tensión.

Akaki dijo...

Jeje, ya queda poco, no te haré sufrir más!no te muerdas las uñas!

un saludo vaquera

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