Morderse los labios

mejor no decir... 
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Esas fueron las palabras que dijo el tutor delante de todo el aula, con la cabeza alta y dirigiéndome una mirada inyectada de odio aunque con una ligera sonrisa. Los más atentos se rieron a carcajadas. Otros se asustaron ante aquel desvarío espontáneo mientras hablaba de Nietzsche. Mi chica se sobresaltó y observé cómo se mordió los labios delante de él.

Los profesores de filosofía tienden a ser débiles. Por norma general, lo son. Es como si doctorarse en filosofía llevara intrínseco la palabra debilidad durante todo su aprendizaje. Creo que "el estar siempre pensando en la vida" les deja un poco tocados. Además, no debe ser bueno enseñar algo que ya de por sí te crea un conflicto mental. Deben estar jodidos por doble, porque además de preguntarse en su casa el sentido de las cosas, tiene que enseñárselo a unos capullos desinteresados sin estar seguro de qué lo que dicen es cierto. Mi profesor, siendo profesor de filosofía, no iba a dejar de ser, por tanto, un hombre débil.

A parte de este inciso sin importancia, yo estaba saliendo con la chica que se mordía los labios y cruzaba las piernas para que el tutor mirase y sus deseos le hicieran perder la razón. Le sacaba una veintena de años. Se notaba que ella se mostraba, y él no podía evitar mirar. A mí, realmente me daba igual, porque quien luego se iba a la cama con ella era yo, incluso parecía que esos roces perversos con el tutor la volvían más activa, imaginativa y salvaje en nuestra intimidad de las sábanas. Llegado al punto que yo quería que ocurrieran, intentaba que los choques se propiciaran, cada vez más atrevidos, más cercanos, porque nunca sabía lo que me esperaba ese mismo día al volver a su cama. Era como una droga fatalista sin límites.

Pasando los días el tutor empezó a atacarme con bromas y preguntas a traición, probablemente como venganza ante la impotencia de verme tocarla el culo al salir de clase. A veces eran realmente duras, y quitando a algunos cuantos estúpidos, los alumnos se percataban de ello. Hasta ese día en el que soltó unas palabras que iban más allá de lo permitido y decían más de lo que yo creía. Ni siquiera se disculpó. Se quedó allí pasmado. Por ello me levanté de la silla, me acerqué hasta el encerado y subí a la tarima donde estaba él con la tiza partida entre sus dedos. Me dispuse a levantar la mano para arrearle un guantazo, pero me calmé al ver la debilidad de sus ojos pequeños y acristalados. Sonreí y volví a mi sitio zarandeando mis hombros como un vencedor. Esa noche mi chica iba a ser una víbora y ya estaba babeando para que llegara el momento. Gracias a esas grandes palabras del tutor.

Pero esa noche nunca llegó. No puedo dejar de morderme los labios al pensarlo.

4 comentarios

El moli dijo...

¿Que pasó? Al parecer el profe era parte del trío, ¿A ella le molesto la actitud de macho celoso?
¡Ellas son increíbles!y nosotros que nos creemos ser el centro de sus fantasías...
Muy bueno amigo, excelente.
Un abrazo

Anónimo dijo...

¡Menudo final! qué risa... De todas formas yo he tomado partido desde el principio por el profesor, me gustan los personajes con debilidades. Y este chico, el novio se lo tenía demasiado creído. Además, si juegas te puedes cazar los dedos...
Y la chica es una pérfida, se habrá ido con el profesor o con algún otro si se tercia, puestos a probar, y hacer coqueterías...
Saludos. Coral.

Akaki dijo...

Distintos significados en morderse los labios. Ambos jugaban con ella, cada uno desde su lado, hasta se llegó al límite marcado por unas palabras, ¿quién fue el más débil de los dos?

un saludo!

Anónimo dijo...

Yo creo que la que jugaba más era ella con los dos. Al final ella hace lo que se le pone en los mismisimos. ¿Quién es más débil, preguntas? depende... en principio parece más debil el profesor dada su edad que parece no pudiera competir con el arrojo del joven novio, pero también ocurre que el profesor utiliza su estatus para impresionar a la chica y marcarle el terreno al otro. Por la otra parte está el joven, que le revienta el profe y tiene ganas de partirle la cara, pero el muy pillo lo deja para sacarse sus ganancias a la noche. Este parece que maneja la situación pero a la hora de la verdad no es asi porque la novia se le larga. ¿Cual es más debil? no sé, los dos son un poco debiles en el fondo, ponen a la chica en bandeja para sus luchas y posesiones. Yo diría: la fuerte es ella. De todas formas las ambivalencias son interesantes, ese querer y no poder, ese poder y no querer.
En cuanto al relato que haces, me ha parecido genial. ¡Enhorabuena!. Coral.

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