Regreso a Star Wars, pasando por Moria

Photobucket

El pequeño de pies peludos sujetó la espada láser con las dos manos. Si debía matar por el condensador de fluzo, lo haría. Aunque el lado oscuro se apoderara de él.

—No le mates, le dijo Sam, está enfermo, ¿no lo ves?

A su lado McFly sostenía el artilugio entre sus manos, absorto en sus formas metálicas y colores fluorescentes. Es mío, decía, sólo mío. Dámelo, hay que llevarlo hasta la estrella de la muerte para destruirlo. Y Mcfly gritó al cielo.

—Nooooooo.

Surgió entonces de la nada un anciano de pelo blanco montado sobre un orco maloliente. Le quitó el condensador de las manos a McFly, subió a Sam a su regazo y desapareció por un agujero negro.

—Creo que no hay nada que hacer.

—¿Dónde iremos ahora?

—McFly, presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad...

No hay comentarios

Publicar un comentario

Toggle menu