Clac

Clac

Clac. Kokoro dio una vuelta a la cerradura y apoyó su espalda sobre la puerta. Enfrente de ella el largo pasillo y las escaleras que bajan al salón. Sus manos temblaban y apenas era capaz de sostener la llave. Respiró hondo. Intentó tranquilizarse, pensar en la escapatoria, en cómo irse de aquella casa. Debía hablar con la madre antes de marcharse pero hasta mañana no podía así que tendría que pasar la noche en la casa. Notó un golpe al otro lado de la puerta, dentro de la habitación. Primero uno tímido, como si alguien posara su mano, y después uno fuerte. Y una voz, una dulce voz que se escuchaba con claridad. Seré una niña buena, una niña buena, repetía. Kokoro tragó saliva y miró al techo, luego al pasillo. Se apartó de la puerta. La niña estaba intentando abrir y el picaporte se movía con brusquedad. Miró la llave en su mano. Dame fuerza, Dios, se dijo así mismo, dame la fuerza que necesito. La voz volvió a llamarla. Ábreme Kokoro, lo hice sin querer, ¿me perdonas?, ábreme, quiero jugar. Un gota de sudor se deslizó por su nariz. Se apoyó en la pared empapelada con flores y cerró los ojos. Cómo podía contener tanta infamia aquella voz delicada, aquellos ojos dibujados con pincel y óleo, no comprendía. Unas palabras equivocadas y la histeria se sucedía sin control.

Se llevó la mano a la cara y observó el picaporte. Entonces un grito salió de detrás de la puerta, un grito desgarrado, ensordecedor, inimaginable que saliera del interior de una persona. El picaporte volvió a moverse sin control y se sucedieron golpes en la puerta. Kokoro se tapó los oídos y volvió a cerrar los ojos. Déjame, gritó, y arrastró su espalda en la pared hasta sentarse en el suelo de cuclillas. La llave calló se escurrió de sus dedos. Silencio. Kokoro esperó. Estaba rezando. Demasiado silencio y eso la inquietó. Cuando fue a recoger la llave ya no estaba allí. Miró al picaporte. Estaba insertada en la ranura, se movía, giraba sobre sí misma, hasta que se oyó el sonido seco del pestillo al liberarse. Clac.

4 comentarios

jorge dijo...

Muy bueno!
Tengo los pelos como escarpias!

Petra Acero dijo...

Esta historia va a seguir???
Akaki, te noto muy navideño. Menuda tensión. Esto no es aconsejable leerlo de noche ni estando sola com yo ahora.

¡Ay! ¿Qué ha sido eso?...

El moli dijo...

Que buen relato amigo, tiene mucha emoción y suspenso. Nos dejas pensando, creo que debes dilucidar el final.
Un abrazo.

Akaki dijo...

jeje, tenéis miedo y suspenso? Entonces esperar a leer lo siguiente... si es que me hacéis continuar con vuestros comentarios!jeje.

un saludo!

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