Detachment, un buen film.


Igual que con los libros, me gustan mucho las películas que hacen removerte por dentro, que hablan de una forma poética y profunda del interior del ser humano y sus complejidades y a la vez es comparada con una realidad social. No me importa si dura dos o tres horas si me mantiene en esa constante tensión de preguntas y dudas, incluso malestares, y que hablan con crudeza de nosotros mismos. Si, además, nos muestra un problema actual como es la basura del sistema educativo, concretamente en América, y, no desde fuera, sino desde dentro de los sufrimientos de las personas, es realmente buena.

Se acabaron las películas que hablan de profesores magníficos que rompen las reglas y que consiguen enderezar a una clase de traviesos, de que siempre se gana y los malos se llevan su merecido, de que hay un profesor inteligente, un guía que te hace ser fuerte, de que siempre que te lo propongas puedes cambiar las cosas, de que a veces la lucha no es con los demás sino contigo mismo. Eso, curiosamente dicho, solo existe en las películas. Ésta, es algo más que una película pues.

Me quedó con escenas realmente buenas como la de profesor que espera tirado en una valla a que alguien le diga algo para saber que existe, como ese Día de los padres en el instituto donde no van los padres, como el cuaderno del abuelo que se queda en blanco sin respuestas, como la decisión en contra de sus sentimientos de alejar a la chica de su lado, como el descontrol que sufre el profesor ante hechos que no puede controlar, como el joven que dice que sentirse igual que el gato que acaba de matar. Muchas escenas y a la vez sentimientos se transmiten. Eso sin hablar de la buena interpretación de los actores.
Así me pareció la película de Detachment (título estúpido que le pusieron en España: El profesor) de Tony Kaye (2011), que sin duda, pasa a ser una de las preferidas en la balda de mis Óscar.

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