Desahucio de vida

Homeless

La caravana era pequeña, pero si lo pensaba bien, nadie necesitaba más. Eso no quiere decir que no lo deseara. Cualquiera quiere tener una casa donde vivir, con su suelo de parqué, y su cocina con electrodomésticos plateados, y su cama de matrimonio con colchón mullido, y su televisión de plasma de cuarenta pulgadas, y su estantería con muchos libros de escritores rusos, y su parque con flores y árboles altos donde pasear y el bar de Pablo para ver los partidos. Una vez que se tiene, no se piensa en ello. Hasta que te lo quitan.

Salvador sacó todo lo que había dentro. La mesa, la nevera, la ropa, los cacharros, el bidón de agua. Lo colocó fuera de la caravana. Formó un semicírculo de trastos que rodeaba la entrada y lo miró durante unos minutos. Su vida ahora ahora estaba allí, entre utensilios desgastados y sucios. Era eso, una persona inservible, un desecho humano. Cuando vació el interior por completo fue a la gasolinera a por un cubo de agua.

Al volver, observó el somier con asco. La última puta que estuvo en su caravana era vieja y le gustaba besar. Él odiaba besar cuando solo se quiere otra cosa. Me puedo quedar contigo, preguntó ella y Salvador ni contestó. Sintió el mismo asco que hacia sí mismo, que hacia el somier negrusco. Un olor nauseabundo de sudor y cerveza caliente. Se preguntó cómo de sola debía estar una persona para querer quedarse con él, en su caravana sucia y vieja, aparcada en un solar inundado de malas hierbas pegado a una gasolinera.

La ciudad es un nido de soledades separadas por cinco centímetros de pared hueca. Hay muchas personas que viven solas y mueren solas, con la tristeza de no encontrar a alguien con quien compartir su vida. Salvador no era de esas personas. Salió mal, eso es todo. Y María no está muerta, pero ojalá lo estuviera. Hace tiempo que Salvador no podía llorar. Nunca tuvieron una casa. Nunca tuvieron el hijo.

5 comentarios

Nerexan dijo...

Muy bueno, Akaki. ;-)

Luisa Hurtado González dijo...

El asunto es poder elegir: la caravana no está mal si puedes elegir entre ella y una casa, entonces la caravana no es problema.
O también que te gusten las cosas que se te ofrecen y que encima quieren quedarse contigo, en tu vida, cuando... ni a tí mismo te gusta esa vida.

Un relato muy actual, me temo.

Akaki dijo...

Me alegro que os hiciera pensar una ratejo el relato!

un saludo!!

Adivín Serafín dijo...

Hay momentos de tristeza en la vida y hay vidas tristes. En las dos se relamen los hombres con sus angustias.

A tu protagonista se le veía nada más empezar, gustándole los autores rusos.

Akaki dijo...

jeje, me ha gustado que te fijaras en el detalle de los autores rusos,

un saludo!

Publicar un comentario

Toggle menu