Castillos de arena

CASTILLOS DE ARENA  / SUEÑOS ROTOS
[Foto del flickr de Licy]

Un niño delante mí llena incansable un agujero que ha hecho en la arena con las manos. Las olas descargan sobre la orilla y su espuma a veces llega hasta el agujero y entonces le ayuda a llenarlo de agua salada, pero también se lo lleva la resaca. El niño viene una y otra vez con el cubo en la mano. Su hermana, sin embargo, levanta montículos alrededor de arena mojada para construir lo que parece un muro o un castillo. Ella es mayor. Les contemplé durante casi una hora.

Construimos castillos de arena sabiendo que se los llevarán las olas y, sin embargo, seguimos intentándolo. Eso me mostraron esos niños. Somos débiles y en nuestra debilidad nos hacemos fuertes con la ilusión de levantar algo con nuestras manos. De lejos alguien sonríe y dice que disfrutemos de esos momentos mientras duren porque pronto se derrumbarán. Se irán, como nuestra ilusión, nos caemos ante cualquier variabilidad externa. Somos débiles y delante de nosotros solo hay imágenes que desaparecen poco a poco. Vivimos en un mundo donde nada es duradero ni relevante y todo pasa demasiado deprisa. La felicidad es pasajera, los momentos que amamos son caducos, los valores que nos dan una identidad, transformados. Somos débiles, no podemos dejar de ser carne y los pensamientos no existen, se evaporan con el calor. Ves vivir a la gente, con sus estúpidas preocupaciones, con sus recuerdos y expectativas de futuro patéticas. El círculo que les rodea se va cerrando más y más. 

Tal vez llegue el día en el que nos quedemos terriblemente solos, una soledad que va más allá de lo puramente físico. No hay medicamentos, no hay cura, no hay nada más allá. No se puede temer a la muerte, sino a la locura.

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