Ella seguía allí


Podría no tener tatuado en sus labios un rojo carmesí perfecto, ni las cejas de trazo ancho sobre un lienzo liso y suave, podría no bastar sólo la sombra de sus dedos para erizar la piel. Pero cuando desperté, su presencia seguía allí. Podría no hablar hasta la madrugada con erres redondeadas, ni aguantar el hambre por cinco minutos más, podría no ser atrapado por cuchicheos y manos pequeñas de enredadera. Pero cuando la noche trajo el silencio, su respiración seguía allí. Podría no escuchar una voz en acordes de Tennessee, ni oler reflejos del sur en mechones entrelazados, podría simplemente no existir más allá de la fase REM. Pero cuando volví a inspirar, su aroma seguía allí. Podría no intercambiar caricias por besos de racimo, ni hipotecar abrazos con promesas de amaneceres infinitos, podrían no transcurrir los segundos entre miradas y confidencias. Pero cuando me acerqué y la besé a escondidas, sonrió. Ella seguía allí.

2 comentarios

Juan Peregrina dijo...

Hola, querido amigo: no sé si me recuerdas pero era un clown en otra época: yo no te he olvidado, Akaki: cómo tienes tu blog, compañero, qué nivel: gran relato y viva Monterroso. Yo me animo a empezar otro ahora, con nombre y apellidos, qué le vamos a hacer. Cuánto he recordado tu click, colega, hasta qu por fin vino tu nick, jeje, a mi mente. Bueno: menoknownothing.wordpress.com. Me alegra que sigas vivo. Un saludo.

Akaki dijo...

Claro que me acuerdo! pero ya de mucho tiempo, qué alegría saber de ti, así me gusta que vuelvas a las andadas. Estáte seguro que sabrás de mi (siempre que escribas claro, jeje)

Un saludo!

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