Anatomía de una oficina: el loro atormentado


Se puede decir que la oficina es un lugar donde combinen animales de toda índole, carácter y materia. Desde leones o guepardos que corren por los despachos buscando la motivación y el rumor del día, hasta cebras y osos perezosos agarrados a los teclados y adormilados bajo los clics del ratón. Es una amalgama de comportamientos y relaciones muy interesante y sobre la que merece la pena reflexionar. Además, pasamos gran parte de nuestro tiempo en zoos de este tipo. Hoy quería hablar de un animal muy particular: el loro atormentando

Se trata de un ser habitual en oficinas y tiene que haber uno para que otros muchos pasen desapercibidos y eso, en cierta medida, es de agradecer. Entre sus cualidades destaca un volumen de voz alto y desentonado, como si estuviera descompasado con el hilo musical de la oficina o durmiera con un altavoz pegado a la oreja. Es como si dentro de su cabeza hubiera una tormenta de palabras que tienen que ser expulsadas de su ser antes de que se produzca una infestación de termitas irreparable. No intentes solaparle levantando la voz, te ganará; no intentes decir algo más interesante, te silenciará; y no intentes ignorarle poniéndote los auriculares, lo escucharás por todas partes. Esto supone que significa que siempre sabes dónde está y no porque se le oiga, sino también porque en su ausencia se respira un aura de silencio y tranquilidad apaciguador. También es propenso a decir que no ha dicho algo que ha dicho, es más lo han oído todos, pero no hay nada que hacer. Por estadística, generalmente es quien la caga si hay algo que no se puede contar. Nunca lo admitirá.

Su hábitat natural es estar donde están todos. Si trabajara en casa solo moriría a los pocos días porque buena parte de su motivación es hablar todo lo posible y que todos le oigan. Otra de sus habilidades es su capacidad de contar una historia que es una mierda y, sin embargo, con sus innumerables gestos, expresiones y sonidos guturales hacer que sea atractiva, incluso interesante. Es un ser vivo risueño al que le gustan los chistes malos y los carrasquillos sin sentido. Eso sí, si tiene un mal día, tu también lo tendrás si estás al lado. Toda la extravagancia en sus relaciones no quiere decir que no haga bien sus funciones, increíblemente ocurre lo contrario, haciendo de su especie candidata a sobrevivir a la evolución animal mientras el resto nos extingamos como el pájaro Dodo.

No hay comentarios

Publicar un comentario

Toggle menu