Sebastian blandió su espada. El filo relucía con el sol brillante, liso y limpió. A su lado estaba su querido amigo el Troll, sentado, observando como su amigo levantaba la espada mirándola como si fuera una escultura. – Preciosa, ¿verdad?- dijo Sebastian. El Troll levanto la mirada hacia Sebastian y sin ni siquiera esbozar un mueca la retiro hacia el…






