A los sesenta las cosas ya no son como cuando el viento sopla a tus espaldas empujándote hacia delante. Los árboles del jardín se cambian de lugar y el sol sale por el oeste aunque el resto se empeñe en decir que no es así. O quizás lo entiendan de otra forma. Seguramente sea eso. Recuerdos floran mi mente afilados…






