Una anécdota que me produce regocijo. Recuerdo durante mi carrera de Sociología, hace años, los estudiantes teníamos un cierto malestar de cómo «funcionaban las cosas» en España. Hablábamos y concluíamos que la mierda abundaba y que siendo blanca o negra seguía oliendo a mierda, no queríamos saber nada, como zanjaba algún compañero «yo soy apolítico». Y fin. Ahora, de repente…






