Abril pasó los números de la agenda del móvil hasta llegar a un nombre. Lo pronunció despacio. «Hugo». ¿Vivía en Madrid? Pulsó el botón de llamada. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro tonos, cinco tonos. Contestador. Colgó. Un cuerpo envuelto en sábanas se retozó a su derecha. Adrien. Era guapo. En su hombro desnudo vio un lunar ovalado. Jesús…






