La llamaban pecosa pero tenía escrito Soledad en sus zapatillas. Con su peluche color crema en un brazo apoyó la cabeza sobre el lateral del carrito. Miraba hacia ninguna parte, con un gesto distendido. Veía pasar las aceras, los coches, las farolas y a las personas a través de la ventanilla del tranvía. En sus zapatillas, había escrito…






