—Eres un egoísta —dijo.—Todos lo somos en cierto modo.—Tal vez, pero tu lo presentas como si no te importara. —dijo agachando la cabeza. El ruido de la televisión sonaba de fondo. Era opaco. —¿Ya te convencí?—No, solo que acabo de comprender por qué lo eres.—Ah sí, ¿y por qué?—Podría decir que no comprendes a las personas, que no te pones…






