La anciana del pañuelo negro en la cabeza podría llevar horas dando vueltas alrededor del carro. En un brazo sostenía una manta sucia y en las manos un par de cucharas. Dos caballos reposaban muertos en el suelo y de sus cuerpos nacía un hilo de sangre que desembocaba en un charco debajo del carro. Hablaba sola y cuando Robert…






