Tenía unas ganas de espanto de hacerlo aunque ya fuera mayorcito. En una mano tenía un rollo de papel higiénico con dos vueltas justas y en la otra, una cerveza sin alcohol con gotas chorreando por todo su costado circular. Con mi boca salivando, lo dejé sobre la mesa junto al portatil y los rotuladores de colores y me quedé…






