Luisito la saludó desde la mesa de los solteros revoltosos, el lugar temido por la novia y donde nunca parecía llegar el jamón ibérico, ya que antes pasaba por la mesa de la familia Gutenberg cuyos estómagos podían llegar acumular tal cantidad de procesos gástricos en tan poco tiempo, que el cortador de jamón no daba abasto en su tarea. Ese pequeño gesto podía significar un suspiro para la novia pero para Luisito era todavía una jugarreta de las malas, ¿por qué le habría invitado ahora? Era como si su gran felicidad no sólo fuera casarse con su querido jugador de rugby sino también clavarle un puñal en la espalda. Pero aquí se cocía algo extraño, Luisito no volvería a caer sobre los pies de esa bruja y la respondió con una sonrisa, quizás demasiado falsa, pero sonrisa al menos.
– Bonita la novia, ¿verdad? –le sorprendió una voz a sus espaldas y su sangre se heló.
– Pues sí, muy bonita –respondió con miedo, imaginándola en la mecedora de su enorme salón, con un vaso hasta el borde de whisky Dyc y cuatro hielos y haciendo cuentas con un collar en la otra mano como si su cabeza rodara por aquellos movimientos repetitivos.
– Qué pena Luisito, qué pena. –su mano tocó su hombros, como si fuera un garfio afilado.






Galilea
20 abril 2009 at 15:55……………………………
¿Debería cabrearme?
😉
Akaki
20 abril 2009 at 19:56No, no, ésta es una suegra vieja y mala ;-), continuará, te gusta?
Galilea
21 abril 2009 at 15:31mmm……..no 😉
Akaki
21 abril 2009 at 20:41gracias, sabría que superaría tus expectivas considerablemente, 😉
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